COMENTARIO

Ego, ciencia, evolución y un cuento de Navidad

Dra. María Jiménez Jiménez

Conflictos de interés

21 de diciembre de 2018

Cuando en el año 1843, en plena Revolución Industrial, el gobierno británico publicó un informe sobre la gravedad del trabajo infantil en el país, Charles Dickens, en un intento por denunciar la situación, desconcertó a todos al no escribir un panfleto al respecto, a pesar de su amplia experiencia como periodista político de la época, en cambio, sorprendió al mundo entero con una novela corta repleta de crítica social titulada Cuento de Navidad, que se publicó 6 días antes de la festividad.

La Revolución Industrial resultó en la mayor transformación social de los últimos siglos, determinante para el bienestar social, el aumento demográfico, las mejoras sanitarias, el desarrollo industrial y de servicios públicos, pero fuertemente marcada por las desigualdades sociales, el hacinamiento, la pobreza y la explotación infantil.

Sin embargo, cuando rememoro la historia no puedo más que preguntarme si estamos viviendo una nueva transformación, en el seno de una situación mundial comparable, con movimientos migratorios desesperados, hacinamiento, desigualdades sociales, incremento de enfermedades y demás, pero esta vez con una transformación que sienta sus bases en la ciencia y la tecnología, con un potencial mucho mayor y un peligroso fin: tomar las riendas de la evolución humana.

Ante la vorágine que nos acecha, no me queda más que plasmar los acontecimientos, del mismo modo que hiciera Dickens, con Cuento de Navidad.

No estéis enfadado, tío -dijo el sobrino. -¿Cómo no voy a estarlo -replicó el tío- viviendo en un mundo de locos como este? ¡Felices Pascuas! ¡Buenas Pascuas te dé Dios! ¿Qué es la Pascua de Navidad sino la época en que hay que pagar cuentas no teniendo dinero; en que te ves un año más viejo y ni una hora más rico: la época en que, hecho el balance de los libros, ves que los artículos mencionados en ellos no te han dejado la menor ganancia después de una docena de meses desaparecidos? Si estuviera en mi mano -dijo Scrooge con indignación-, a todos los idiotas que van con él ¡Felices Pascuas! en los labios los cocería en su propia substancia y los enterraría con una vara de acebo atravesándoles el corazón. ¡Eso es!

Dickens, Cuento de Navidad

¿Nos hemos vuelto como el viejo Ebenezer Scrooge?, una sociedad huraña, egoísta, a la que solo le importa vivir aquí y ahora, el bienestar individual, el reconocimiento, el dinero. ¿Es la ciencia nuestro instrumento para conseguirlo? ¿Hemos perdido la esperanza?

Ya imagino la aparición de un espectral Darwin enfurecido viendo como intentamos reescribir El origen de las especies, alterando la lenta e impredecible evolución, acelerándola a nuestro antojo con la valentía del ignorante. Nuestro comportamiento tendrá consecuencias no solo para nuestro futuro, sino para toda la humanidad.

Está ordenado para cada uno de los hombres que el espíritu que habita en él se acerque a sus congéneres humanos y se mueva con ellos a lo largo y a lo ancho; y si ese espíritu no lo hace en vida, será condenado a hacerlo tras la muerte.

Dickens, Cuento de Navidad

Pero aún tenemos un destino de oportunidad y esperanza, aseveraría Darwin, aprender de nuestros fantasmas pasado, presente y futuro.

El fantasma del pasado

 

Busco en mi memoria y recuerdo con cariño cuando era estudiante de medicina, todo lo que me impulsaba a estudiar, a querer convertirme en buen médico para ayudar a los demás, los ideales eran nuestro motor. Me pregunto, ¿cuándo los perdimos?

Al analizar mi desarrollo profesional me percaté de que, durante la especialización, el afán por aprender cosas diferentes aunado a la satisfacción de lograrlas aumentó el deseo de superación, casi al límite de importar más el acto realizado que la finalidad del mismo.

El paciente pasó de ser una persona indefensa ante la enfermedad necesitada de ayuda, a un número que solo engrosaba mi listado de logros, quedando tan difusa la línea que separa la toma de decisiones que nos lleva a hacer las cosas por el bien del paciente o por nuestro crecimiento profesional, quedando egoístamente justificado cualquier medio para conseguir un fin.

Es el fantasma de nuestro pasado, con nuestros logros y errores, el que nos debe recordar por qué elegimos ser quienes somos ahora. Recordar cuál fue la primera esencia que nos inspiró y que se ha ido disipando con los años, pero que si cerramos los ojos y respiramos profundo, podremos percibir en cada uno de nuestros actos.

El fantasma del presente

Este año se cumplieron 40 décadas desde que el 25 de julio de 1978 nació Louise Joy Brown, la primera niña concebida por fertilización in vitro .

Ese momento se convirtió en un punto de inflexión; la fertilización de un óvulo en el laboratorio, la obtención de un embrión y su posterior implantación y desarrollo intraútero forjaron un cambio… el hombre ya era capaz de interceder en la reproducción humana para solventar problemas de fertilidad, fundamentalmente tubárica. Nos percatamos de nuestro potencial en el proceso de la creación y dimos un paso a la deidad.

El desarrollo tecnológico ha permitido que las técnicas mejoren y se puedan aplicar a un sector cada vez más amplio de la población. No solo se puede conseguir un embarazo, sino que también es posible evitar la transmisión de enfermedades genéticas diagnosticándolas de forma preimplantacional.

Recientemente, la revista The Lancet publicó que un equipo de investigadores brasileños logró el primer nacimiento mediante trasplante uterino de donador cadavérico de forma exitosa, realizado en una mujer de 32 años con agenesia uterina por síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, que recibió el útero trasplantado 15 meses antes del nacimiento de su hija. Previamente, en el año 2013 se logró en Suecia, pero el útero procedía de donador vivo. Este logro nos abre nuevas posibilidades reproductivas, pero el éxito no nos deja ver que, para lograrlo, la paciente receptora se somete a un riesgo quirúrgico elevado, seguido de un tratamiento inmunosupresor con consecuencias dañinas importantes, que en la mayoría de los casos requiere retirar el órgano trasplantado tras el nacimiento del producto.

No han faltado los defensores de la técnica, que exigen el derecho de toda mujer a ser madre, convirtiéndolo en innegable si existen los medios, ni los detractores, que sostienen que existen otras opciones reproductivas, como la adopción, abogando al principio de no maleficencia –primum non nocere, ‘lo primero es no hacer daño”–, sin mencionar el elevado costo que supondría para cualquier sistema sanitario.

¿Todo está justificado para satisfacer nuestro deseo de ser madres? ¿Se pierde la capacidad de valorar los riesgos por un deseo egoísta que nos pone en peligro a nosotras y a nuestros bebés, alentados por el ego del colectivo médico?

¿Queremos ayudar o deseamos ser reconocidos por lo que otros antes no han logrado?

Aunque se ha desatado un claro debate, creo que será un avance positivo. Se precisarán de normas consensuadas y reguladas por comités validados para tal fin; que mantengan el equilibrio entre lo que demanda la población y lo que éticamente le podemos ofrecer.

El fantasma del futuro

Y cuando vemos cómo el fantasma del presente nos abruma con los acontecimientos que se suceden a una velocidad vertiginosa, alentada por nuestra impaciencia de logros, esperando que Bohemian rhapsody desbancara el reguetónde nuestra banda sonora vital, el fantasma futuro nos acecha con el ritmo apocalíptico de tambores que no auguran nada bueno.

Este fantasma futuro se apareció en forma humana, sonriente, mesiático y seguro de sí mismo, con la satisfacción del que conoce la realidad de una anunciada profecía; me refiero al científico chino He Jianku, quien haciendo coincidir su comunicado con los preliminares del Congreso Mundial de Edición Genética, en Hong Kong, China, celebrado los días 27 a 29 de noviembre de este año, anunció el nacimiento de las primeras hermanas gemelas modificadas genéticamente.

 

Jianku, utilizando la técnica de edición génica CRISPR-Cas9, modificó el locus CCR5 para “inmunizarlas” frente a la infección por el virus de inmunodeficiencia humana.

El rechazo de la comunidad científica mundial no se ha hecho esperar, ya que la técnica aún no está validada ni aprobada para su uso en embriones que van a ser implantados.

Desde que en el año 2013 se desarrolló la técnica de CRISPR-Cas9 fue fundamental para desarrollar en animales de experimentación simulación de enfermedades y valorar los efectos de activar o desactivar ciertos génes. Asimismo su posible aplicación terapéutica, al modificar genes alterados en individuos enfermos resulta uno de los atractivos y estímulos más apetecibles para los científicos en este campo.

Y, aunque uno de los temores siempre fue que se utilizara de forma eugenésica para obtener individuos mejorados, nunca pensamos que se hiciera realidad tan pronto.

La modificación realizada por Jianku tuvo lugar en embriones sanos, sin finalidad terapéutica y de forma desigual, a uno le modificó un alelo del gen y al otro embrión los dos -según narró en una serie de videos publicados en YouTube–, a pesar de que es conocido que el virus de inmunodeficiencia humana puede utilizar otras vías de entrada para la infección celular.

Su discurso aboga por salvar a las niñas de una enfermedad como el virus de inmunodeficiencia humana, porque su padre era portador, sufría discriminación y la prevalencia de la enfermedad en la población es alta, a pesar de que existen métodos más seguros para hacerlo.

En este caso ambas niñas presentarán un mosaico genético del que desconocemos las consecuencias para su salud a mediano plazo y la de su descendencia en varias generaciones. ¿Fue solo una excusa para obtener su momento de gloria o impulsar sus empresas dedicadas al diagnóstico genético? Ante esta comunicación de conocimiento mundial algo aterrador nos pasa por la mente: ¿realmente Jianku ha sido el primero en hacerlo? Al menos sí ha sido el más insensato como para hacerlo público.

Su discurso no se avala con ningún artículo publicado en cualquier revista científica para que el resto de especialistas pueda opinar y debatir, comprobar y evaluar, analizar y discutir. Hace unos días mi editora me pedía comentar el artículo científico que me había parecido el más importante del año, y en este momento puedo asegurar que el más relevante es el que nunca se ha escrito, el que arrojaría luz sobre este tema, el que nos permitiría conocer si realmente Jianku ha modificado genéticamente a las gemelas y cómo lo ha hecho, el que nos permitiría predecir las consecuencias a futuro. Y su ausencia nos une a todos, un rechazo unánime que me llena de esperanza, que nos permite organizarnos para regular a nivel internacional este tipo de prácticas. Sabemos que llegará el día en el que su aplicación clínica será una realidad, pero la técnica requiere de perfeccionamiento, se requieren ensayos controlados, avalados por instituciones y comités de ética, normativas que se sigan y apliquen para este tipo de estudios, a fin de cuentas es un ser humano el que se está editando… hoy, el mundo aun no está preparado.

Solo espero que este repaso fantasmal de nuestro pasado, presente y posible futuro nos ayude en este devenir científico y tecnológico de consecuencias impredecibles, para que nuestras decisiones sean acertadas y, como dijo Tiny Tim al final del relato navideño:

¡Que Dios nos bendiga a todos, a cada uno de nosotros!

Dickens, Cuento de Navidad

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