Mini Examen Clínico: Cribado oftalmológico en pediatría

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

4 de diciembre de 2018

Los problemas oftalmológicos de la infancia son un motivo de consulta frecuente en atención primaria y a menudo pasan desapercibidos. Los esfuerzos encaminados a lograr su detección precoz permitirán mejorar significativamente la capacidad y el desarrollo visual e incluso, en muchas ocasiones, el rendimiento escolar y el desempeño social de los niños.[1] La Organización Mundial de la Salud informa que hay aproximadamente 19 millones de niños con discapacidad visual en el mundo y 1,4 millones padecen ceguera. Aproximadamente la mitad de las causas de la ceguera y la discapacidad visual es potencialmente prevenible o tratable.[2]

La detección oportuna y periódica es crítica para la detección de la discapacidad visual y su etiología, así como para planificar la intervención temprana. La estimación apropiada de la función visual y la detección de error refractivo, retinopatía del prematuro, anomalías estructurales congénitas, dacriocistitis congénita, cicatriz corneal, glaucoma, catarata, anomalías retinianas, retinoblastoma, estrabismo y ambliopía, son los componentes cruciales de la detección en los niños. Los protocolos varían de un país a otro, con un acuerdo limitado sobre la necesidad, la modalidad, el momento y la periodicidad del examen.[2]

Algunos países y organizaciones han solicitado el examen al nacer y posteriormente de forma periódica en cada punto de contacto programado con el pediatra; las recomendaciones recientes de la U.S.Preventive Services Task Force limitan la detección a niños de 3 a 5 años para identificar la ambliopía o sus factores de riesgo. La U.S.Preventive Services Task Force también informa que la evidencia actual es insuficiente para recomendar el examen de la vista en niños menores de 3 años de edad.[3]

Sin embargo, una declaración de política conjunta de la American Academy of Pediatrics, la American Academy of Ophtalmology, la American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismusy la American Association of Certified Orthoptists enfatizan que el examen de la vista es de suma importancia para la detección de trastornos visuales y sistémicos, y debe comenzar en los recién nacidos y continuar durante toda la infancia, explorando los antecedentes familiares relevantes relacionados con trastornos oculares (cataratas, estrabismo, ambliopía y error refractivo), cirugía ocular y el uso de gafas durante la infancia en padres o hermanos.[4] 

Los pediatras deben examinar a los recién nacidos mediante la inspección y la prueba del reflejo rojo para detectar anomalías oculares estructurales como cataratas, opacidad corneal y ptosis. Cuando los niños alcanzan los 1 a 3 años de edad, las evaluaciones basadas en instrumentos, si están disponibles, pueden emplearse y usarse posteriormente en las visitas anuales para niños sanos hasta que la agudeza se pueda evaluar directamente. Para la edad de 4 años se debe utilizar la prueba directa de la agudeza visual con símbolos u optotipos apropiados para su edad.[4] Los pacientes con anormalidades oculares o aquellos que no pasan la evaluación de la visión deben ser referidos a un oftalmólogo pediátrico o a un especialista en atención ocular debidamente capacitado.

Las 2016 Recommendations for Preventive Pediatric Health Care aconsejan una prueba de agudeza visual a las edades de 4 y 5 años; la detección basada en instrumentos se puede usar para evaluar el riesgo a los 12 y 24 meses de edad, además de las visitas de revisión entre los 3 y los 5 años de edad.[5]

¿Cuánto sabe sobre las recomendaciones para el cribado de los pacientes pediátricos? Pruebe sus conocimientos con este Mini Examen Clínico.

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