COMENTARIO

Obesidad infantil: La epidemia del siglo XXI

Dra. Cecilia Bahit

Conflictos de interés

30 de octubre de 2018

BUENOS AIRES, ARG. En el marco del Congreso Argentino de Cardiología en Buenos Aires, realizado del 18 al 20 de octubre, se presentó una sesión conjunta entre la Sociedad Argentina de Cardiología y la World Heart Federation, cuyo objetivo fue revisar lo que se está haciendo a niveles local e internacional en busca de una vida más saludable.[1]

El Dr. Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, presentó datos alarmantes acerca de la obesidad infantil. En Argentina nos encontramos frente a una epidemia, liderando el ranking regional de obesidad infantil.


Según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 1 de cada 10 niños menores de 5 años padece obesidad, 3 de cada 10 menores de 5 años tienen obesidad o sobrepeso y 2 de cada 10 menores de 5 años tiene algún factor de riesgo cardiometabólico. Esto representa aproximadamente 370.000 niños menores de 5 años con obesidad/sobrepeso. Cuando se analizaron los datos por estrato socioeconómico se observó que entre aquellos de bajos recursos, 31% tiene probabilidad de padecer obesidad en la etapa adulta, mientras que en hogares de mayores recursos es más probable que bajen de peso. Por tanto, pareciera que para resolver el problema de la obesidad primero hay que trabajar en la desigualdad social.

En tanto, la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo mostró que entre 2005 y 2013 la obesidad en los adultos aumentó más de 40%, posiblemente coincidiendo con un cambio tanto en la alimentación como en los hábitos.

La obesidad/sobrepeso tiene peligrosas consecuencias en la adultez, porque incrementa el riesgo de insulinorresistencia, diabetes, hipertensión arterial, dislipidemia, enfermedad cardiovascular y cáncer; y también se asocia a baja autoestima, depresión y aislamiento social.

La obesidad/sobrepeso en la niñez se debe a la combinación de varios factores:

  1. Alimentación (cantidad y calidad).

  2. Baja actividad física.

  3. Descanso inadecuado

  4. Exceso de tiempo de pantalla.

En relación con la alimentación, en las últimas décadas ha habido un incremento (al triple) en la producción y consumo de alimentos altamente procesados. El consumo actual es de 190 kg de alimentos altamente procesados/persona y se asocia con un aumento en el consumo de azúcar (x 3/4). El consumo de sal es de 9 a 12 gramos de sodio por día por persona, con una reducción de 40% del consumo de frutas y 20% del consumo de verduras (paradójicamente, la verdura más consumida es la papa). Los hábitos alimentarios se adquieren entre los 3 y 4 años y se establecen a los 11, por lo que es importante el trabajo conjunto de familia, escuela, medios, médicos y estado.

    La obesidad y el sobrepeso infantil deben ser abordados desde el estado, la industria, organizaciones no gubernamentales, familias y médicos, ya que son necesarios todos estos actores para lograr modificar las estadísticas.

En relación con la actividad física, en Argentina 52% de los niños no realiza actividad al aire libre, 58% no hace ningún tipo de actividad, y 48% hace menos de dos clases de educación física por semana en la escuela, que en general, como está planteada hoy, valora más el rendimiento académico que la actividad física. Además, hay otros factores que influyen en la poca actividad física en la infancia, e incluyen falta de espacios verdes, inseguridad y falta de medios.

El uso de pantalla merece especial atención, ya que si bien está contraindicado en menores de 2 años, en nuestro país 58% de los niños de esa edad usa algún tipo de dispositivo a diario, cifra que aumenta a 75% cuando consideramos a los menores de 5 años. Los padres juegan un papel clave al momento de modelar hábitos saludables en sus hijos en cuanto a establecer reglas del tiempo de pantalla.

La mala calidad del sueño es un factor que contribuye con la elevada tasa de obesidad infantil que se registra en el mundo. Se estima que los niños de escuela primaria, en promedio, necesitan 9,5 horas de buen sueño, en tanto que hacia la adolescencia requieren entre 7 y 8 horas. Según una encuesta realizada a madres, 94% sabe que el descanso es importante para la salud de sus hijos; sin embargo, ellas mismas respondieron que apenas 63% de los niños tiene un sueño adecuado.

La obesidad y el sobrepeso infantil deben ser abordados desde el estado, la industria, organizaciones no gubernamentales, familias y médicos, ya que son necesarios todos estos actores para lograr modificar las estadísticas. La educación desde los primeros años de vida es fundamental para formar hábitos saludables que perduren a lo largo de la vida, y así prevenir desde la infancia estas enfermedades crónicas no transmisibles.

Dr. Jorge Tartaglione

Al consultar al Dr. Tartaglione acerca de su presentación, resaltó: “La obesidad infantil es un tema latente, se sabe que está, pero no se cuantifica la magnitud. Supera en números la desnutrición, pero indudablemente esta última es más impactante. Que en nuestro país 3 de 10 niños tengan sobrepeso u obesidad determina que tendrán menos expectativa de vida que nosotros. Si uno piensa en los factores que intervienen: alimentación, tiempo de descanso, actividad física, y uso de pantallas, estos son diferentes para nuestra generación y la de los niños de hoy, cada uno cambió. Además se instala la desigualdad, que se acentúa más en las circunstancias que vive nuestro país. Las poblaciones vulnerables tienen 31% más probabilidades de padecer obesidad, y los niños aventajados tienen menos riesgo y están bajando de peso. Esto es lógico, a una familia de bajos recursos lo único que le interesa es comer y llegar a fin de mes, no si el alimento es saludable. Actualmente hablamos de niños con obesidad desnutridos, mal alimentados”.

“Es importante resolver el tema de la desigualdad, lo cual dudo que mi generación y las próximas vean. Mientras tanto es un tema en el que todos debemos cooperar: estado, industria, organizaciones no gubernamentales, familias y médicos. Nosotros debemos aportar evidencia científica al estado y la industria”, concluyó el especialista.

El Dr. Tartaglione ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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