COMENTARIO

El pediatra ante un desastre

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

20 de septiembre de 2018

A un año del sismo del 19 de septiembre y 33 años del de 1985 en la misma fecha, evaluamos la magnitud del impacto en el área médica, especialmente la pediatría.

La Ciudad de México, por su posición geográfica, se encuentra expuesta a diversos fenómenos naturales, entre los que destacan los sismos, que últimamente han adquirido gran importancia, tanto por su frecuencia, como por los daños que han ocasionado.

El terremoto ocurrido en la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 dio pauta a la implementación de planes de protección civil, tales como la formación de agrupaciones y de capacitación a la sociedad ante la presencia de un terremoto, así como a la creación de protocolos de evacuación, simulacros y la existencia de alertas sísmicas en la ciudad.[1,2]

Como habitantes de la ciudad sabemos que estamos expuestos a este tipo de eventos y como profesionales de la salud, debemos estar preparados para enfrentar con rapidez y eficacia una situación de desastre.

Después del terremoto de México de 1985, el número informado de pacientes tratados por los servicios médicos de emergencia fue de 12.605, de los cuales 1879 (14,9%) necesitaron hospitalización y aunque algunos casos fueron de rutina, la mayoría permaneció en el hospital durante 24 horas (gran parte de la demanda de servicios de salud tiene lugar en las primeras 24 horas siguientes al fenómeno).[1,2,3] En el sismo de 2017 en la Ciudad de México 38 edificios colapsaron, 228 personas murieron en los edificios y 4 más fallecieron en los hospitales durante los siguientes días.[4]

    El principal papel del pediatra ante un desastre es ayudar a los pacientes que han sido afectados por el evento a volver a la actividad normal.

Los pediatras cumplimos un papel relevante en la preparación para desastres, ya que los niños integran una de las poblaciones más vulnerables, con necesidades particulares fisiológicas, psicológicas y de desarrollo. Por tanto, tenemos la obligación profesional de abogar por la salud, la seguridad y el bienestar de los lactantes, los niños y los adolescentes. Ante esto, varias organizaciones han emitido recomendaciones para preparar al pediatra en caso de desastres, tales como el curso de Educación Pediátrica en Desastres, de la American Academy of Pediatrics; la Organización Mundial de la Salud ha creado lineamientos para generar organizaciones en cada país, a fin de hacer frente a un caso de desastre.[5,6]

Inicialmente, la planificación para emergencias es fundamental para prevenir o atenuar las consecuencias de una catástrofe, si usted trabaja en un consultorio pediátrico, es indispensable guiar y educar a las familias sobre la preparación para desastres en el hogar, la cual puede incluir:

  • Entrenamiento en reanimación cardiopulmonar.

  • Concertar puntos de encuentro y mantener una lista de números de emergencia, incluyendo un amigo o pariente y que todos los miembros de la familia puedan contactar después del evento para reportar su paradero y condiciones. 

  • Los padres deben mantener suministros de emergencia de alimentos, agua, medicinas, un botiquín de primeros auxilios y ropa. 

  • Los miembros de la familia deben conocer el lugar más seguro para tomar refugio en el hogar, hacer provisiones especiales, conocer los recursos de la comunidad y tener un plan para reunirse. 

  • Los medicamentos para las enfermedades crónicas, así como los recursos para los niños que dependen de medios tecnológicos para la supervivencia, deben ser incluidos en el plan de contingencia. 

  • Si los padres no pueden regresar a horas programadas, los temas relacionados con el cuidado alterno de los niños deben ser discutidos. Esto puede incluir planes para el cuidado de niños con vecinos, familiares o amigos.

Si trabaja regularmente en un hospital, revise el plan hospitalario para desastres, a fin de constatar que este considera las necesidades de los niños de manera adecuada; los pediatras deben entender y conocer la forma en que el hospital ha planeado manejar un evento de desastre.

Las acciones de los pediatras durante un desastre son las siguientes:

  • Llevar a cabo el plan hospitalario, así como el plan de desastre del hogar.

  • Participar en el plan de desastres de la comunidad o del hospital.

  • Proporcionar asistencia médica a través de sistemas establecidos durante el desastre.

  • Proporcionar orientación a los pacientes y sus familias.

  • Cuando se ofrezcan voluntarios para asistir durante o después de un desastre, hacer todo lo posible por trabajar en coordinación con la organización líder.[7]

El principal papel del pediatra ante un desastre es ayudar a los pacientes que han sido afectados por el evento a volver a la actividad normal.

En conclusión, los desastres no son comunes en la práctica médica diaria, sin embargo, existe la amenaza cotidiana de enfrentarse a todo tipo de catástrofes y su gravedad obliga a los médicos a considerar la preparación para emergencias. Además de la tradicional función de experto y defensor de los niños, los pediatras ahora deben asumir un nuevo papel con respecto a la preparación para desastres. La información, la educación y la participación, son pasos importantes para los pediatras en la salud infantil, no solo durante la catástrofe, sino también durante la planificación previa, que debe tener en cuenta las necesidades especiales de los niños.

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