COMENTARIO

Dilatación aórtica y deportes, ¿cuánto mito y cuánta realidad?

Dra. María Celeste Carrero

Conflictos de interés

29 de agosto de 2018

COLABORACIÓN EDITORIAL

Medscape &

Nota de la editora:

Como parte de la alianza entre Medscape en Español y la Sociedad Argentina de Cardiología, la Dra. María Celeste Carrero resume la importancia de la dilatación aórtica en los deportistas. La Dra. Carrero es médica egresada de la Universidad de Buenos Aires y especialista en Cardiología. Actualmente es la coordinadora de la Sección de Imágenes Cardiovasculares en el Instituto Cardiovascular San Isidro (ICSI), Sanatorio Las Lomas, en Buenos Aires, Argentina.

En 1899 el Dr. E. Darling publicó el primer trabajo científico que constató los efectos adaptativos de la práctica de remo de alto rendimiento a nivel cardiovascular.[1] Con el transcurso del tiempo, la adaptación cardiaca eléctrica, funcional y morfológica secundaria a la práctica regular de ejercicio físico intenso se ha englobado en lo que conocemos como "corazón de atleta". Dentro de la definición se incluyen, por ejemplo, la hipertrofia ventricular fisiológica y la bradicardia sinusal. Sin embargo, existe debate sobre el hecho de que la dilatación aórtica forme parte de este conjunto de adaptaciones fisiológicas al deporte.

¿Por qué es importante saber si la dilatación aórtica forma parte de este grupo de mecanismos adaptativos?

La muerte súbita en deportistas es una catástrofe que debemos evitar. A pesar de que las principales causas de muerte súbita son miocardiopatía hipertrófica y displasia arritmogénica de ventrículo derecho, el síndrome aórtico agudo (disección o rotura aórtica) representa un pequeño porcentaje (entre 1% y 3%) de los casos.[2] Los pacientes con dilatación o aneurisma aórtico tienen mayor riesgo de presentar síndrome aórtico agudo. Además, cuando la dilatación aórtica no forma parte de un síndrome (como el de Marfan o el de Ehlers Danlos), su diagnóstico resulta un desafío, y depende de la disponibilidad de métodos por imágenes que permitan medir la aorta (ecocardiograma, tomografía computarizada o resonancia magnética).[3,4]

La muerte súbita y las enfermedades cardiacas graves en deportistas atraen la atención de la población general. En el año 1986, la voleibolista olímpica Flo Hyman falleció a los 32 años durante un partido en Japón. Hyman presentaba síndrome de Marfan que no había sido diagnosticado. Durante años estuvo expuesta, sin recibir tratamiento, a un riesgo elevado de complicaciones aórticas. En dicho partido presentó una disección aórtica que le causó la muerte, según hallazgos de la necropsia. Este fatal hecho conmocionó a la opinión general y a la comunidad médica en particular, provocando la realización de un estudio de cribado para detectar dilatación aórtica, que incluyó a 1.929 atletas de Japón. Los autores encontraron una prevalencia de dilatación aórtica elevada entre basquetbolistas y voleibolistas (0,96%; 4 de 415 atletas).

En muchos casos la altura brinda una ventaja competitiva, por lo cual la prevalencia de síndrome de Marfan en disciplinas como el básquetbol y el vóleibol podría ser mayor que en la población general.[5] Esta asociación sugiere que, en ciertas disciplinas deportivas, el ecocardiograma como herramienta de cribadotendría una utilidad mayor.

A fin de detectar de manera temprana casos de síndrome de Marfan y patologías similares, hay autores que proponen el cribado genético para evitar complicaciones por la práctica de deporte de alto rendimiento.[6] Sin embargo, el costo-beneficio de esta medida no está correctamente estudiado.

El Consenso de Corazón y Deporte de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) contempla la realización de un ecocardiograma a deportistas de alto rendimiento.[7] Sin embargo, existe debate acerca del papel que desempeña el ecocardiograma como herramienta de cribado en este contexto.

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