COMENTARIO

¿Es suficiente la eliminación del término transgénero de la lista de enfermedades de la CIE-11?

Dr. José J. Mendoza Velásquez

Conflictos de interés

14 de agosto de 2018

A pesar de que el tema había sido abordado durante los últimos dos años, finalmente, en junio de 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) elimina el término transgénero de su lista de enfermedades. Este incluía personas cuya identidad biológica no correspondía con su identidad de género, situación que estigmatizaba en forma importante a este grupo.

La cuestión novedosa en esta clasificación se debe a la redefinición de estas identidades como "condiciones", dentro de la salud mental. Aun cuando es una solución parcial, es importante darle valor a este hecho, porque elimina el estigma asociado a las enfermedades mentales, y abre el camino para la normalización del transgénero dentro de la salud mental, y no dentro de la enfermedad. La razón de no eliminarlo de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) en esta versión corresponde principalmente a las necesidades sanitarias especiales que pueden ser mejor atendidas si se encuentra codificada dentro de la CIE-11, ya que algunos sistemas de salud atenderán solo aquellos diagnósticos que sean avalados por esta clasificación.

En general, la permanencia como "condición" está vinculada a la ansiedad generada por enfrentar, a lo largo de la vida, su identidad transgenérica, sin embargo, al igual que en forma paralela en la CIE-10 posterior a la eliminación de la homosexualidad como enfermedad, se conservan condiciones patológicas referidas como "homosexualidad egodistónica", en esta ocasión el avance es claro.

Las condiciones de ansiedad deberían ser clasificadas en su rubro sintomático, al igual que las adaptativas o depresivas. No es necesario generar un apartado referido a condiciones particulares, como tampoco lo sería para otras condiciones, como la pobreza o el analfabetismo.

De hecho, dicha ansiedad no está relacionada con la identidad de género, sino con la adaptación y la integración a la sociedad, a pesar del rechazo. A través de diversos estudios, la OMS ha intentado evidenciar que el sufrimiento está determinado por factores externos, no por situaciones relacionadas al género.

El método para desarrollar estas revisiones ha hecho que las ediciones de las mismas tomen más años que los planeados. La CIE-10 de 1990 evidenció la ignorancia sobre el género, y durante este tiempo, en forma paralela, los estudios relacionados al tema, así como el activismo, han modificado tanto las condiciones sociales, que la Clasificación Internacional de Enfermedades no logra adaptarse a tiempo a los cambios sociales actuales.

Los años invertidos han dado frutos, pero no suficientes

Aun cuando la homosexualidad per se fue eliminada como una categoría diagnóstica en la CIE-10, la clasificación conserva un trastorno para la orientación sexual egodistónica de la siguiente manera: "La identidad de género o preferencia sexual no está en duda, pero el individuo desea que sea diferente, debido a los trastornos psicológicos y conductuales asociados a trastornos, y puede buscar tratamiento para cambiarlo".

La descripción invoca la identidad de género, pero la intención era abordar una situación clínica en la cual los individuos expresan un deseo de desarrollar atracciones heterosexuales que no sienten, o aliviar la angustia sobre una orientación homosexual no deseada. La confusión no podría ser más grande.

La evidencia muestra que a menudo las personas lesbianas, así como los homosexuales y los bisexuales, presentan mayores niveles de angustia que los heterosexuales. Sin embargo, ante la evidencia, esto se ha relacionado sólidamente con experiencias de rechazo social y discriminación. Al no ser la orientación sexual un objeto de rechazo, la ansiedad o los síntomas relacionados no se deben a la orientación sexual y la egodistonía no es tal, sino un trastorno secundario a las condiciones sociales derivadas del rechazo, o la aceptación. Y si estas son secundarias al rechazo social, se podrían incluir en las clasificaciones vigentes de trastornos de ansiedad. Hay varias condiciones socialmente estigmatizadas, como las enfermedades físicas, o la pobreza, que probablemente se consideren "egodistónicas", y también pueden causar ansiedad, que la Clasificación Internacional de Enfermedades nunca trataría como un trastorno mental.

Los diagnósticos de género son relativamente nuevos en la nosología psiquiátrica moderna. Estos inician su historia en 1948, con la International Classification of Diseases (ICD) 6, que fue la primera en incluir una clasificación de trastornos mentales, y no tenía diagnósticos de género. El "transexualismo" apareció por primera vez en la CIE-9 (1975). En 1980, la "transexualidad" y el "trastorno de identidad de género de la infancia" aparecieron en la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III). Desde entonces, la colocación de diagnósticos de género ha cambiado con el tiempo dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

Durante el proceso de revisión para el DSM-5, grupos de defensa de los derechos de la comunidad de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) presionaron para eliminar los diagnósticos de género del manual, de igual manera que la homosexualidad fue eliminada en 1973. El grupo de trabajo DSM-5 intentó compensar el problema del estigma asociado con el hecho de conservar los diagnósticos de género, contra la potencial pérdida de los servicios. Aquellos que buscan servicios necesarios dentro de la transición, y otros servicios de soporte (como la ansiedad o la depresión secundarias), necesitan un código de diagnóstico. Acorde a la seguridad social de Estados Unidos de Norteamérica, el grupo de trabajo recomendó la conservación de la categoría.

Sin embargo, el grupo de trabajo de la CIE-11 opera distinto, principalmente porque la OMS, una agencia de las Naciones Unidas, tiene una misión clara relacionada con los derechos humanos; el diagnóstico de transgénero dentro de los trastornos mentales contribuye a un estado legal precario, violaciones de los derechos humanos, y barreras a la atención médica apropiada para esta población, y otras múltiples condiciones estigmatizantes.

Por tanto, una vez más el grupo de trabajo recomendó conservar los diagnósticos de género en la CIE-11 para preservar el acceso a la atención.

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