COMENTARIO

La OMS, la CIE-11 y la resistencia perpetua de la psiquiatría

Dr. José J. Mendoza Velásquez

Conflictos de interés

27 de julio de 2018

Ante la libertad es necesario crear normas. Las normas nunca son suficientes para abarcar la realidad. Es por eso que la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), a pesar de realizar un gran esfuerzo, al no abarcar la realidad está destinada al fracaso. Esta clasificación desarrollada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pretende dar contexto a un momento en la aproximación hacia la enfermedad, particularmente la psicopatología.[1,2]

La psiquiatría surge desde la medicina, sin embargo, el fin de la misma se aloja fuera de ella. Con el objetivo de no perder la identidad, debe mantenerse la interdisciplinariedad entre los distintos modos de acceder al ámbito mental, y al sentido de la existencia, más allá de lo biológico. Como señaló André Green, intentando ser un "saber objetivo sobre la subjetividad", ya que la ciencia actual no aborda adecuadamente aspectos relativos a la existencia, al sujeto, al pensamiento no científico, ni a lo que constituye el funcionamiento psíquico. Sin embargo, partir de momentos conocidos por todos como depresión y ansiedad, y volver a definirlos en términos de universalizar el entendimiento y la investigación, no es tarea sencilla.

La OMS, agencia de las Naciones Unidas responsable de lograr que la población mundial disponga del máximo nivel de salud posible. Este organismo ha intentado (desde la medicina, y no desde la filosofía) establecer una serie de consensos que, si bien no abarcan la realidad de la enfermedad mental, pretenden universalizar el lenguaje de los expertos. Desde su creación, la OMS toma esta tarea, y en junio de 2018 presente la undécima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

El avance hacia una mejora de la salud en el mundo necesita de cooperación internacional en cuanto a establecer estándares, así como recopilar y dar información estadística. Actualmente la OMS es la única organización con la capacidad de asegurar la cooperación global y el acuerdo internacional en estos asuntos, con lo que se encuentra en una posición única para promover los estándares globales de salud.

De acuerdo con sus estatutos de constitución, entre las funciones de la OMS se encuentran las siguientes:[3]

a) Establecer y revisar las nomenclaturas de las enfermedades, las causas de muerte y las prácticas en salud pública.

b) Estandarizar procedimientos diagnósticos cuando sea necesario.

El objetivo de las clasificaciones de la OMS es servir como una herramienta internacional estándar de información sobre salud, para posibilitar la evaluación y el seguimiento de la mortalidad, la morbilidad, la carga global de enfermedades, y otros parámetros importantes relacionados con la salud. Los países miembros de la OMS han acordado utilizar los sistemas de clasificación de la organización como referencia para recabar información sobre temas de salud, de forma que pueda ser comparada tanto dentro del país, como entre diferentes países, como un recurso gratuito gobernado por acuerdos de la propia organización.  

Actualización de la clasificación

La publicación de la CIE-11, que viene a sustituir a la CIE-10, cuya edición fue hace 28 años, se ha realizado con el objetivo de que profesionales de la salud se familiaricen con los cambios, y en mayo de 2019 se presente ante la Asamblea Mundial de la Salud para su adopción formal por los estados miembros, entrando en vigor el 1 de enero de 2022.

Sin embargo, la resistencia de ciencias como la psiquiatría se debe en gran parte a la misma resistencia a la interdisciplinariedad. La resistencia a las clasificaciones internacionales en salud mental (DSM y CIE) parte del mismo error del origen de la psiquiatría como ciencia, la comunidad de la enfermedad mental, no propia de la medicina, o de la psicología, la sociología, o la filosofía.

Su aceptación siempre ha sido conflictiva a partir de entender la naturaleza de la dificultad diagnóstica tanto de la enfermedad, como de la salud mental. Los distintos profesionales de la salud mental han basado sus argumentos en contra de la clasificación, en una interpretación parcial del modelo biopsicosocial. La Clasificación Internacional de Enfermedades, en forma general, ha fallado en ofrecer elementos contundentes para sostener sus categorías, pero es un proceso en creación continua, tratando de definir sucesos cambiantes que difícilmente comprendemos como psicopatología. Finalmente, la CIE-11 es una clasificación médica.

Las etiquetas diagnósticas no son realidades en sí mismas, son construcciones teóricas que en determinado momento histórico intentan dotar de orden a la gran variedad que la realidad nos presenta, y que es susceptible de abordar desde muchas áreas. Nuestras categorías diagnósticas no son suficientes para nombrar enfermedades tan complejas como las psiquiátricas. Muchos años después de ver surgir conceptos sobre trastornos para definir condiciones mentales, estos caen ante el conocimiento adquirido. A diferencia de diagnósticos como cáncer, embarazo, o diabetes, la depresión o la ansiedad parten de conceptos comunes provenientes de un lenguaje en el que todos poseen algún grado de inmersión. La multiplicidad de imágenes en profesionales médicos y en la sociedad en general, se confunde al tratar de generar una definición categórica, situación que no ocurre con el cáncer, o la diabetes. Además, la base de las enfermedades mentales no permite una prueba irrefutable que la valide, como un cultivo o una imagen, sino que su origen es inminentemente multifactorial y complejo, en donde una no sucede a otra en forma lineal, sino que interactúan entre sí de manera compleja.

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