¿Es clave la secreción defectuosa de insulina para la desregulación de la glucosa en la enfermedad de Parkinson?

Pauline Anderson

Conflictos de interés

27 de junio de 2018

LISBOA, PRT. La desregulación de la glucosa en pacientes con enfermedad de Parkinson avanzada se relaciona con alteración en la secreción adaptativa de insulina a consecuencia de disautonomía, señala nueva investigación.[1]

"La disautonomía y la desregulación de la glucosa sanguínea se deben de evaluar en pacientes con enfermedad de Parkinson moderada a avanzada, para prevenir el síndrome metabólico, pero también porque la diabetes en la enfermedad de Parkinson al parecer se relaciona con un fenotipo más agresivo", dice la Dra. Ana Marques, de la Université Clermont Auvergne, en Clermont-Ferrand, Francia.

El estudio fue presentado en la reunión anual de la European Academy of Neurology (EAN) de 2018.

Resultados contradictorios

Los estudios epidemiológicos muestran resultados contradictorios con respecto a una vinculación entre la diabetes y la enfermedad de Parkinson, dijo la Dra. Marques. "A veces la enfermedad de Parkinson parece ser un factor de riesgo para la diabetes y a veces la diabetes parece ser un factor de riesgo para la enfermedad de Parkinson, y en ocasiones no hay vínculo entre ellas".

Sin embargo, dijo la Dra. Marques, los estudios biológicos muestran una fuerte interrelación, aunque no está bien dilucidada.

La Dra. Marques y sus colaboradores observaron previamente que las concentraciones de glucosa plasmática en ayunas de pacientes con enfermedad de Parkinson que recibían estimulación cerebral profunda eran más altas que en controles sanos equiparados, y que tales concentraciones de glucosa se normalizaban cuando se activaba el dispositivo estimulador.

La estimulación cerebral profunda mejora la actividad del sistema nervioso autónomo, de manera que los investigadores hipotetizaron que la normalización de las concentraciones de glucosa podría deberse a normalización de la actividad autonómica, dijo la Dra. Marques.

También señaló que la producción y secreción de insulina son moduladas por el sistema nervioso autónomo.

"Así que podría ser que la desregulación de la glucemia en la enfermedad de Parkinson pudiese estar vinculada a la gravedad de la disautonomía".

Para este nuevo estudio, se excluyó a los participantes con diabetes, lo mismo que a los que tenían demencia y los que tomaban alcohol o fumaban más de un determinado límite. También excluyeron a pacientes con insuficiencia cardiaca avanzada, cirrosis, nefropatía crónica, enfermedad tiroidea no tratada o disfunción metabólica y biológica porque estos trastornos podrían ser factores de confusión, explico la Dra. Marques.

En el estudio se incluyó a 50 pacientes con enfermedad de Parkinson moderada a grave (31 hombres y 18 mujeres; media de edad: alrededor de 61 años; índice de masa corporal [IMC] medio: 25,27) que habían padecido el trastorno durante más de 5 años y 50 controles sanos equiparados en cuanto a edad, género e IMC.

Los valores de glucosa plasmática en ayunas y de insulina plasmática en ayunas no fueron significativamente diferentes entre los grupos. Las cifras de glucosa urinaria en ayunas fueron más bajas en el grupo con enfermedad de Parkinson.

"Pero en los dos grupos, los niveles se consideraron anormales", dijo la Dra. Marques.

Los pacientes con enfermedad de Parkinson no tuvieron modificación del tratamiento dopaminérgico durante el mes previo a la evaluación. Asimismo, ninguno de los pacientes con enfermedad de Parkinson había recibido estimulación cerebral profunda en el núcleo subtalámico.

Durante el mes previo al estudio, ninguno de los participantes podía tomar medicamentos que pudiesen interferir en el metabolismo, tales como antibióticos y antiinflamatorios.

Tolerancia a la glucosa

Los participantes en el estudio se sometieron a una prueba de tolerancia a la glucosa oral con 75 g. El área bajo la curva total para las concentraciones sanguíneas de glucosa en función del tiempo fue más alta en pacientes con enfermedad de Parkinson que en los controles a los 90 minutos y a los 150 minutos (p = 0,05).

Sin embargo, cuando a los participantes se le evaluó la respuesta a la insulina plasmática, el área bajo la curva no fue diferente entre los grupos con enfermedad de Parkinson y de control (p = 0,57 para las concentraciones de insulina hasta los 180 minutos).

"Así que los pacientes con enfermedad de Parkinson al parecer tienen una glucemia más elevada después de la ingesta de glucosa oral en comparación con los controles sanos sin presentar el incremento en los niveles de insulina que se supone que se observan cuando comienzan a aumentar las cifras de glucosa", dijo la Dra. Marques.

Los investigadores también evaluaron la función autonómica.

Cuando analizaron las relaciones independientes entre la glucosa y diversos parámetros clínicos, encontraron que las concentraciones más altas de glucosa en sangre se relacionaban con una puntuación más alta de disautonomía lo mismo que una mayor duración de la enfermedad de Parkinson.

Esto, dijo la Dra. Marques, indica que la desnervación simpática podría estar desencadenando disfunción de la célula β. En la población general, cuando las cifras de glucosa comienzan a aumentar, las células β rápidamente responden aumentado la secreción de insulina almacenada y a la vez incrementando su producción, explicó.

"Aquí, la desregulación de la glucosa en la enfermedad de Parkinson podría deberse a una falla de la célula β", pues los pacientes con enfermedad de Parkinson podrían no aumentar su producción de insulina en respuesta a las concentraciones de glucosa más altas.

Las concentraciones sanguíneas de glucosa más altas también se relacionaron con un mayor IMC, según observaron. A la inversa, el género masculino y las mayores dosis equivalentes de levodopa se relacionaron con valores de glucosa más bajos.

A los pacientes con enfermedad de Parkinson moderada a grave se les debe efectuar detección sistemática de disautonomía y desregulación de la glucosa sanguínea, concluyó la Dra. Marques.

Si la desregulación de la glucosa se convierte en el nuevo objetivo terapéutico en la enfermedad de Parkinson, "sugerimos que posiblemente deben de preferirse los fármacos liberadores de insulina a los fármacos sensibilizadores a la insulina en pacientes con enfermedad de Parkinson y diabetes", pues el problema no parece radicar en la resistencia a la insulina, sino más bien en la secreción de insulina, dijo la Dra. Marques.

En respuesta a una pregunta de un asistente al congreso, la Dra. Marques dijo que cabía esperar que los resultados fuesen similares en pacientes con atrofia de múltiples sistemas.

También aclaró que se excluyó a los pacientes con diabetes, pero no a los que tenían trastornos prediabéticos, como intolerancia a la glucosa.

"De hecho hubo más pacientes con intolerancia a la glucosa en el grupo con enfermedad de Parkinson que en los controles sanos", dijo.

Al preguntarle otro asistente al congreso si los investigadores efectuaron el ajuste con respecto a actividad física, la Dra. Marques dijo que no lo hicieron, pero que en los estudios futuros debería hacerse pues los pacientes con enfermedad de Parkinson son muy sedentarios en comparación con los controles sanos y la actividad física puede afectar al metabolismo.

Los investigadores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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