El ejercicio vigoroso reduce el riesgo de mortalidad en sobrevivientes de cáncer

Kristin Jenkins

Conflictos de interés

11 de junio de 2018

CHICAGO, USA. Un programa normal de ejercicio vigoroso puede reducir significativamente la mortalidad por todas las causas y por causas específicas en adultos sobrevivientes de cáncer en la infancia, concluye un nuevo estudio.[1,2]

"Estos hallazgos pueden tener importancia para la población general considerable y rápidamente creciente de adultos sobrevivientes de cáncer en la infancia que tienen sustancialmente más riesgo de mortalidad a consecuencia de múltiples riesgos en competencia", comentan los autores.

El estudio, dirigido por Jessica M. Scott, Ph. D. y Lee W. Jones, Ph. D., ambos del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, fue publicado el 3 de junio en la versión electrónica de JAMA Oncology y también se presentó en el congreso de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) de 2018.

"Nuestros hallazgos son compatibles con la gran cantidad de datos de la población general que demuestran que el ejercicio con regularidad conlleva reducciones importantes en la mortalidad por todas las causas y por causas específicas", escriben los autores del estudio.

Sin embargo, en comparación con la población general, los sobrevivientes de cáncer tienen un aumento del riesgo de mortalidad a consecuencia de recidiva de la enfermedad y efectos cardiovasculares tardíos asociados al tratamiento del cáncer, señaló Jones.

"Esta es una fisiopatología diferente a la de la enfermedad, de manera que no estaba claro si el ejercicio sería eficaz también en esta situación singular, pero sí lo fue", dijo Jones a Medscape Noticias Médicas.

El equipo de investigadores encontró que el ejercicio de 15 a 18 horas de equivalentes metabólicos (MET) a la semana, que es equivalente a caminar vigorosamente durante unos 60 minutos al día, 5 días a la semana, "al parecer era la dosis óptima". Más allá de esto, el beneficio se atenuaba, "lo que indica un umbral más alto, por lo menos en esta cohorte singular de adultos sobrevivientes de cáncer en la infancia".

"Solo queremos que los profesionales clínicos recomienden ejercicio a pacientes que son sobrevivientes de cáncer cuando sea apropiado", dijo Jones a Medscape Noticias Médicas.

"Esto ayudará mucho a tener un impacto positivo en la conducta de los pacientes", añadió.

Los sobrevivientes deberían reunirse con un experto en ejercicio certificado, de preferencia un profesional con experiencia en cáncer, señaló Jones. El estudio demostró que un aumento de cerca de 40 minutos de actividad vigorosa a la semana se relacionaba con un beneficio importante para la salud, lo cual también cumple con las guías nacionales para la actividad física en sobrevivientes de cáncer que recomiendan 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada por semana o 5 días a la semana durante 30 minutos, dijo.

Detalles del estudio

Los nuevos resultados provienen de un análisis de cohortes de 15.450 participantes del estudio longitudinal de sobrevivientes de cáncer pediátrico (CCSS). El equipo halló una relación inversa significativa entre el ejercicio y la mortalidad por todas las causas tras una mediana de seguimiento de 10 años (p = 0,02 para la tendencia). Esto se observó después del ajuste con respecto a trastornos crónicos de la salud, tales como enfermedad cardiovascular, y exposiciones a tratamiento clave, afirman los investigadores.

A los 15 años, la incidencia acumulada de mortalidad por todas las causas fue 11,7% para los que no hacían ejercicio (0 horas de equivalentes metabólicos), 8,6% para aquellos con 3 a 6 horas de equivalentes metabólicos a la semana, 7,4% para los que realizaban 9 a 12 horas de equivalentes metabólicos a la semana y 8,0% para los que efectuaban 15 a 21 horas de equivalentes metabólicos a la semana (p < 0,001).

Esta falta evidente de una relación dependiente de dosis entre el ejercicio y la mortalidad "contrasta con lo observado en algunos estudios", comentan los investigadores.

En un subgrupo de 5.689 sobrevivientes, el aumento de ejercicio vigoroso que promediaba 8 horas de equivalentes metabólicos a la semana durante 8 años se relacionó con una reducción ajustada de 40% en la mortalidad por todas las causas cuando se comparó con compañeros que mantenían un bajo nivel de ejercicio de 3 a 6 horas de equivalentes metabólicos a la semana o menos (rate ratio: 0,60; p = 0,001).

Datos de cuestionario autonotificado

Para el estudio, los investigadores analizaron datos sobre frecuencia de ejercicio autonotificada provenientes de dos cuestionarios diferentes que llenaron los participantes en el CCSS después de su reclutamiento. A todos los sobrevivientes se les había establecido el diagnóstico antes de los 21 años de edad y se les había tratado en 27 hospitales pediátricos de tercer nivel en Estados Unidos y Canadá entre el 1 de enero de 1970 y el 31 de diciembre de 1999.

En el cuestionario "inicial", que se administró en una mediana de 17,8 años después del diagnóstico de cáncer, a los participantes en el CCSS se les preguntó cuántas veces en los últimos 7 días habían sudado haciendo ejercicio o practicado deporte durante 20 minutos. La mediana de edad de los informantes era 25,9 años y 52,8% eran del género masculino.

El cuestionario demostró que los sobrevivientes que hacían ejercicio con frecuencia y en forma vigorosa eran más jóvenes cuando se les había diagnosticado cáncer, tenían más probabilidades de ser no fumadores y tenían menos factores de riesgo para enfermedad cardiovascular, y trastornos crónicos de grados 3 y 4 de gravedad.

A una mediana de 9,6 años después del cuestionario inicial, los participantes se sometieron a reevaluación de la propensión al ejercicio vigoroso en una encuesta de seguimiento. De 70% que indicaron un cambio en la conducta relacionada con ejercicio, 40% dijeron que se ejercitaban con menos frecuencia que en la encuesta previa, 20% dijeron que se ejercitaban con más frecuencia y 10% dijeron que habían mantenido su nivel alto de ejercicio vigoroso previo.

Los sobrevivientes que mantuvieron o incrementaron su frecuencia de ejercicio tuvieron más probabilidades de ser no fumadores y menos probabilidades de tener comorbilidades preexistentes que las personas que realizaron poco ejercicio o que las que no lo efectuaron, dicen los investigadores.

En el periodo transcurrido entre la encuesta inicial y la de seguimiento, ocurrieron 1.063 muertes en la cohorte: 120 debidas a recidiva o progresión del cáncer primario y 811 debidas a causas relacionadas con problemas de salud, incluyendo enfermedad cardiovascular.

Para minimizar el riesgo de sesgo de causalidad inversa inherente a los estudios observacionales, los investigadores hicieron el ajuste de todos los análisis con respecto a covariables clínicas que pudiesen haber alterado la relación entre el ejercicio y los desenlaces clínicos. También llevaron a cabo procedimientos analíticos para excluir a participantes con recidiva o neoplasias malignas subsiguientes al inicio.

"Dadas estas medidas y la congruencia de nuestros hallazgos en múltiples desenlaces, sostenemos que nuestros hallazgos junto con la investigación previa, respaldan la conclusión general de que el ejercicio confiere un beneficio importante para la salud en sobrevivientes de cáncer", dicen los investigadores. "No obstante, no se puede descartar la contribución de factores de confusión y solamente datos de estudios clínicos aleatorizados pueden demostrar definitivamente la causalidad".

Al comentar este estudio en el congreso de la ASCO, la Dra. Leontien Kremer, Ph. D., del Emma Children's Hospital y el Academic Medical Center en Ámsterdam, Países Bajos, dijo que este fue "un estudio realmente importante" y de "una calidad muy alta".

"Incluye un análisis multivariable y esto es realmente importante, pues hay muchos factores de confusión para un estilo de vida saludable y las variables", continuó, entre ellas, la dieta y el consumo de alcohol.

La Dra. Kremer también comentó que la dosis óptima de ejercicio hallada en este estudio "es muy alta, pues es un ejercicio vigoroso, no es solo caminar o algo por el estilo".

"Otra interrogante importante para los sobrevivientes de cáncer en la infancia es: ¿puede todo sobreviviente practicar deporte?", dijo. "En nuestra guía sobre cardiotoxicidad después de cáncer en la infancia, recomendamos a los sobrevivientes que se han tratado con una dosis muy alta de antraciclinas que primero vean a un cardiólogo", hizo notar.

Este estudio fue financiado por el National Cancer Institute, American Lebanese-Syrian Associated Charities (ALSAC), AKTIV Against Cancer y Kavli Trust. Scott, Jones y los coautores del estudio han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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