COMENTARIO

Panorama de la obesidad infantil en México

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

18 de mayo de 2018

La obesidad en niños es un problema de salud creciente y preocupante, los pediatras hemos observado que se está haciendo mayor con el paso del tiempo; en algunos países se han implementado medidas de prevención y tratamiento ante la epidemia de obesidad infantil. Si bien en algunos entornos las tasas se han estabilizado, en cifras absolutas hay más niños con sobrepeso y obesidad en países de ingresos bajos y medianos, que en los de ingresos altos.[1]

Este trastorno puede afectar la salud física del niño, alterando la función cardiovascular, y favorecer la presencia de enfermedades endocrinas, pulmonares y psicosociales, a través del desarrollo de una baja autoestima, así como trastornos de la alimentación, y depresión. Por otra parte, los niños con obesidad tienen muchas probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta, y corren el riesgo de sufrir enfermedades crónicas.[2]

De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la proporción de niños con sobrepeso u obesidad a los 15 años oscila entre 10% en Dinamarca, y 31% en Estados Unidos.[5] En México, la prevalencia de obesidad y sobrepeso infantil es una de las más altas en todo el mundo, datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) indican que tres de cada 10 menores de 5 a 11 años padecen sobrepeso u obesidad (prevalencia combinada: 33,2%), cuatro de cada diez adolescentes de entre 12 y 19 años presentan sobrepeso u obesidad (prevalencia combinada: 36,3%).[3]

¿Qué factores contribuyen a agravar el problema?

Es una situación multifactorial donde la cultura, la alimentación y la actividad física desempeñan un papel importante; en sociedades como México, la creencia generalizada de que un bebé gordo es un bebé sano alienta a las familias a sobrealimentar a sus niños; la alimentación del lactante con productos hipercalóricos con altos contenidos de grasa, azúcar y sal, es uno de los principales factores que propician la obesidad infantil.

La falta de información acerca de enfoques específicos respecto a la nutrición, así como la limitada disponibilidad y accesibilidad de los alimentos sanos, contribuyen a agravar el problema; de acuerdo al reporte de una encuesta realizada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en el año 2015, en México aproximadamente la mitad (48%) de niños y niñas entre 0 y 23 meses había consumido bebidas azucaradas el día anterior a la encuesta. La prevalencia de consumo de estas bebidas aumenta con la edad, variando desde 7% entre niños menores de 6 meses, y 81% entre los de 18 a 23 meses. Los niños y niñas de la región Ciudad de México-Estado de México, residentes en hogares urbanos, hijos de madres con educación superior, en hogares de mayor ingreso, y hogares no indígenas, presentan el mayor riesgo de recibir este tipo de bebidas. Aproximadamente 31% de los infantes menores de seis meses recibieron lactancia exclusiva. Se observan diferencias en las prácticas de lactancia de acuerdo a la educación de la madre, con prevalencias más bajas de lactancia exclusiva entre hijos de madres con educación media superior (26%), o superior (25%). Por otra parte, la digitalización y urbanización ofrecen menos posibilidades para la actividad física a través de juegos saludables; se ha comprobado que el tiempo (más de 2 horas al día) que utilizan los niños en ver pantallas (televisión, computadora, tabletas, celulares) es un factor de riesgo para obesidad infantil.[7]

La prevención de la obesidad en lactantes y niños pequeños debe considerarse un asunto de prioridad. Para esos grupos, las principales estrategias de prevención, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), son las siguientes:

En el caso de lactantes y niños pequeños:

  • Inicio inmediato de la lactancia materna durante la primera hora de vida.

  • Lactancia exclusivamente materna durante los seis primeros meses de vida.

  • Introducción de alimentos (sólidos) complementarios nutricionalmente adecuados e inocuos a los 6 meses, manteniendo al mismo tiempo la lactancia materna hasta los 2 años, o más.

Los alimentos complementarios deben ser ricos en nutrientes, y tomarse en cantidades adecuadas. Es importsante evitar alimentos complementarios ricos en grasas, azúcar y sal.

Los niños en edad escolar y los adolescentes deben:

  • Limitar la ingesta energética procedente de grasas y azúcares.

  • Aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales, y frutos secos.

  • Realizar actividad física con regularidad (60 minutos al día).

La obesidad infantil es un problema de salud que va en aumento, y que preocupa a los pediatras, es un problema sanitario donde se necesita la implicación de todos los agentes sociales (familias, sistema educativo, industria de la alimentación, gobierno y sociedad en general), en el cual estamos involucrados. Los padres también deben estar atentos a las oportunidades de realizar actividades físicas, y establecer reglas claras sobre el tiempo de uso de la televisión y otros aparatos electrónicos. 

Nuestra función como pediatras es reconocer de forma oportuna a los niños con obesidad y sobrepeso, permitiendo intervenciones que inicien a una edad más temprana, así como comunicar a los padres sobre la importancia de la lactancia materna, influir sobre la alimentación, evitando productos con alta densidad calórica, mantener las bebidas azucaradas fuera del hogar, asegurar que los niños ingieran la cantidad adecuada de frutas y verduras, y limitar el consumo de bocadillos altos en calorías.

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