Nueva declaración científica de la American Heart Association sobre enfermedad cardiovascular y cáncer de mama

Megan Brooks

Conflictos de interés

8 de febrero de 2018

DALLAS, USA. Por primera vez, la intersección entre enfermedad cardiovascular y cáncer de mama es el centro de atención de una declaración científica de la American Heart Association (AHA).[1]

El documento "proporcionará un panorama completo de la prevalencia de estas enfermedades, factores de riesgo compartidos, efectos cardiotóxicos del tratamiento y prevención y tratamiento de la enfermedad cardiovascular en pacientes con cáncer de mama", escriben los autores.

"La cardiopatía es la causa de muerte número uno en las mujeres y el cáncer de mama es el problema número uno para muchas mujeres y se intersectan en términos de factores de riesgo y en medidas preventivas que se pueden aplicar, tanto para la cardiopatía como para el cáncer de mama", hizo notar en una entrevista con Medscape la Dra. Laxmi Mehta, presidenta del grupo redactor, de The Ohio State University, en Columbus, Estados Unidos.

"Queremos que cardiólogos y oncólogos se percaten de la intersección de las dos enfermedades y que tengan conversaciones francas con las pacientes. Los tratamientos del cáncer pueden afectar al corazón, y creo que todavía hay una laguna de este conocimiento entre las mujeres", dijo la Dra. Mehta.

La declaración fue publicada el 1 de febrero en la versión electrónica de Circulation.

Para las mujeres de edad avanzada, la enfermedad cardiovascular plantea un riesgo de mortalidad mayor que el propio cáncer de mama, lo que subraya la importancia de controlar con eficacia los factores de riesgo para enfermedad cardiovascular durante y después del tratamiento del cáncer, señala la guía.

"Los resultados ideales en el cáncer de mama dependen de la salud cardiovascular coexistente durante todo el curso del tratamiento del cáncer de mama. Al tiempo de su presentación inicial, los factores de riesgo cardiaco y de enfermedad cardiovascular precedente pueden influir en las acciones para el tratamiento del cáncer", escriben los autores.

"Durante el tratamiento del cáncer de mama, son cruciales la vigilancia, la prevención y el manejo secundario de la cardiotoxicidad; a partir de entonces, es esencial la monitorización a largo plazo después del tratamiento para identificar la cardiotoxicidad tardía e incluso la aparición de enfermedad cardiovascular no relacionada con el tratamiento", añaden.

"Toda paciente que se vaya a someter a tratamiento por cáncer de mama, independientemente de que tenga o no tenga cardiopatía al inicio, debe tomar en cuenta los efectos potenciales de los tratamientos sobre su corazón", añadió la Dra. Mehta en un comunicado de prensa.

"Esto no debería ser un impedimento o atemorizar a las pacientes para que se sometan a tratamiento del cáncer de mama, sino que debería permitirles tomar decisiones informadas con su médico sobre cuál es el mejor tratamiento del cáncer para ellas".

El tratamiento del cáncer puede dar llevar a una cardiotoxicidad temprana o tardía, que puede variar desde disfunción del ventrículo izquierdo hasta insuficiencia cardiaca manifiesta, hipertensión, arritmias, isquemia miocárdica, valvulopatía, enfermedad tromboembólica, hipertensión pulmonar y pericarditis. La disfunción sistólica del ventrículo izquierdo es el efecto secundario de la quimioterapia más reportado y monitorizado comúnmente.

Los tratamientos del cáncer de mama que aumentan en particular el riesgo de disfunción cardiaca son los siguientes:

  • Tratamiento con antraciclina en dosis altas: doxorubicina ≥250 mg/m2 o epirubicina ≥600 mg/m2.

  • Radioterapia en dosis altas cuando el corazón está en el campo de tratamiento: radioterapia ≥30 Gy.

  • Tratamiento secuencial: tratamiento con antraciclina en dosis más bajas (doxorubicina <250 mg/m2 o epirubicina, <600 mg/m2) y luego tratamiento subsiguiente con trastuzumab.

  • Tratamiento combinado: antraciclina en dosis más baja (doxorubicina <250 mg/m2 o epirubicina <600 mg/m2) en combinación con radioterapia en dosis más baja cuando el corazón está en el campo de tratamiento (<30 Gy).

La guía afirma que algunos estudios a pequeña escala han señalado que la administración de agentes de quimioterapia comunes en nuevas formas puede reducir los riesgos de cardiopatía. La doxorubicina es un ejemplo, ya que los estudios indican que administrar el fármaco con lentitud, y no todo de una vez, puede disminuir el riesgo de insuficiencia cardiaca.

Además, evidencia reciente parece indicar que añadir el cardioprotector dexrazoxano a doxorubicina o epirubicina da lugar a reducciones importantes en el criterio de valoración combinado de disminución de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo o desarrollo de insuficiencia cardiaca. Una revisión de Cochrane de ocho estudios mostró que el uso de dexrazoxano se relacionaba con una reducción de 82% en la insuficiencia cardiaca (riesgo relativo: 0,18; IC 95%: 0,1 - 0,32), sin ningún efecto en la sobrevida libre de progresión, la sobrevida global o las tasas de respuesta al cáncer, consigna la guía.

La enfermedad cardiovascular y el cáncer de mama comparten factores de riesgo modificables

El cáncer de mama y la enfermedad cardiovascular comparten muchos factores de riesgo en común, incluyendo edad avanzada, alimentación deficiente, antecedente familiar, inactividad física y tabaquismo, lo que indica que las opciones de estilo de vida, principalmente mantener una dieta saludable y hacer ejercicio, podrían ayudar a reducir los riesgos de que se presenten las dos enfermedades.

La investigación ha demostrado que apegarse a varias conductas o factores saludables para el corazón de las medidas Life's Simple 7 de la AHA,[2] se relaciona con una tendencia hacia una menor frecuencia de cáncer de mama y una disminución significativa del riesgo de enfermedad cardiovascular, declara la guía.

Las medidas Life's Simple 7 consisten en realizar actividad física; lograr y mantener un peso corporal saludable; consumir una alimentación sana; evitar el tabaco y mantener niveles saludables de presión arterial, colesterol y glucosa sanguínea. "Life's Simple 7 son importantes para todas las pacientes con y sin cáncer de mama", dijo la Dra. Mehta.

La guía clínica también resalta varias lagunas en el cuidado médico y prioridades para mejorar los resultados. Las preguntas que persisten y que deberían ser motivo de investigación futura son las siguientes:

  • ¿Cuáles son los factores predictores de cardiotoxicidad más eficaces?

  • ¿Existen variaciones genéticas o genómicas que afectan el riesgo de cardiotoxicidad?

  • ¿Cuáles son los determinantes de las discrepancias raciales en los resultados?

  • Con los avances en radioterapia, ¿cuáles son los umbrales de radiación y las técnicas alternativas para evitar la toxicidad cardiovascular?

  • ¿Afectan sustancialmente al riesgo de enfermedad cardiovascular los tratamientos de cáncer de mama más nuevos?

  • ¿Cuáles son los efectos de la modificación de factores de riesgo sobre los desenlaces de enfermedad cardiovascular en pacientes con cáncer?

  • ¿Cuáles son los mecanismos farmacológicos para evitar o revertir los efectos cardiotóxicos del tratamiento del cáncer?

Las siguientes son prioridades para mejorar los resultados:

  • Mejor cribado y valoración de los factores de riesgo en pacientes oncológicos.

  • Desarrollo de tratamientos dirigidos que tengan un impacto adverso limitado sobre la enfermedad cardiovascular.

  • Mejor comprensión de los efectos adversos de la quimioterapia y la radioterapia combinadas sobre la enfermedad cardiovascular.

  • Detección más temprana de los efectos de enfermedad cardiovascular: estudios de imagenología, biomarcadores o modelos predictivos clínicos.

  • Uniformidad en la terminología de efectos cardiovasculares y después la incorporación en los estudios como medidas de criterios de valoración para el desenlace de enfermedad cardiovascular.

  • Guías formales para la prevención primaria y secundaria de la cardiotoxicidad.

  • Reducción de las discrepancias raciales en los resultados de enfermedad cardiovascular con aumento de acceso a la atención médica.

  • Necesidad de una base de datos nacional o internacional sobre los resultados cardiovasculares y oncológicos.

El campo de la cardiooncología ha surgido para abordar la necesidad de proporcionar el mejor tratamiento del cáncer sin afectar la salud cardiovascular. Diversas organizaciones, entre ellas el American College of Cardiology (Sección de Cardiooncología) la Canadian Cardiac Oncology Network, la European Society of Cardiology, la European Society for Medical Oncology y la International Cardi-Oncology Society, están preparando iniciativas para exhortar a oncólogos y cardiólogos a que colaboren a la mejora asistencial de pacientes con cáncer que se tratan con tratamientos potencialmente cardiotóxicos.

La Dra. Mehta ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Las declaraciones de conflictos de interés del comité redactor se enumeran en el artículo.

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