COMENTARIO

¿Es momento de revisar la dieta? Resultados del estudio PURE

Dra. Cecilia Bahit

Conflictos de interés

6 de septiembre de 2017

En el Congreso de la European Society of Cardiology (ESC) 2017, en Barcelona, la Dra. Mahshid Dehghan, del Population Health Research Institute, en la McMaster University, Canadá, presentó, en nombre de los investigadores del estudio PURE, datos acerca de la ingesta de grasa y riesgo cardiovascular y mortalidad, que llaman a reconsiderar las guías globales de la dieta.[1]

El estudio PURE

En este estudio se recolectaron datos sobre la dieta en 135.335 individuos, de entre 35 y 70 años, provenientes en su mayoría de países de bajos o medianos ingresos (países de Norteamérica, Europa, Sudamérica, Medio Oriente, Sudeste de Asia y África). Utilizando cuestionarios específicos por país, se registró el consumo de carbohidratos, grasa total y tipos de grasas, y se valoró la ocurrencia de enfermedad cardiovascular, así como mortalidad a 7,4 años de seguimiento.

Los resultados informaron que más de la mitad de los participantes (52%) consumía una dieta alta en carbohidratos (más de 60% de la energía) y aproximadamente un cuarto obtuvo más de 70% de su energía de estos.

Entre las 5796 muertes y los 4784 eventos cardiovasculares mayores, los investigadores notaron que la ingesta de carbohidratos en el quintil más alto, en comparación con el más bajo, se asoció con un incremento signficativo de 28% en el riesgo de muerte total (quintil más alto frente al quintil más bajo: HR: 1,28; IC 95%: 1,12 - 1,46; p < 0,0001 para la tendencia), pero no hubo efecto en el riesgo cardiovascular.

Sorprendentemente, la ingesta total de grasa en el quintil más alto se asoció a una reducción estadísticamente significativa de 23% en el riesgo de mortalidad, y a una reducción del riesgo de accidente cerebrovascular de 18%, y 30% de reducción en riesgo de muerte no cardiovascular, en comparación con el quintil inferior. Además, cada uno de los tipos de grasas se asoció con una reducción estadísticamente significativa en riesgo de muerte: 14% menor para grasa saturada, 19% para grasa monoinsaturada, y 20% para grasa poliinsaturada. Un mayor consumo de grasas saturadas se asoció con una reducción de 21% en el riesgo de accidente cerebrovascular.

En este estudio se analizaron los efectos de la ingesta de grasa y carbohidratos en los perfiles lipídicos de los participantes. Mientras que el colesterol LDL (c-LDL) se incrementa con un mayor consumo de grasa saturada, también se incrementa el colesterol HDL (c-HDL), generando un efecto neto de reducción en el cociente de colesterol total/c-HDL. Parecería, además, que el c-LDL no es confiable para predecir los efectos de las grasas saturadas en eventos cardiovasculares futuros, sino que ApoB/ApoA1 es un mejor marcador del efecto de las grasas saturadas como factor predictor del riesgo cardiovascular.

¿Y qué pasa en Latinoamérica?

La población global del estudio obtuvo 61,2% de la energía de la ingesta de carbohidratos, 23,5% del consumo de grasas, y 15,2% de las proteínas. En Latinoamérica, 61,2% de la energía es generada por el consumo de carbohidratos, 25,2% por la ingesta de grasas, y 17,5% por la ingesta de proteínas. Esta región tiene una posición intermedia entre China (que presenta la mayor producción de energía por carbohidratos [67%] y la menor por consumo de grasas [17,7%]) y Europa y Norteamérica (con menor producción de energía por carbohidratos [52,4%] y la mayor por consumo de grasas [30,5%]).[2]

En un artículo del mismo grupo, que también apareció en la versión electrónica de TheLancet, los investigadores de PURE reportan que el consumo de frutas, legumbres y vegetales crudos (tres grandes fuentes de carbohidratos) se asoció a menor mortalidad.[3] Esta diferencia entre los resultados sugiere que los carbohidratos procesados, incluyendo los agregados de azúcares y granos refinados, probablemente sean responsables de esta asociación.

¿Un cambio para las guías de alimentación?

Las guías actuales recomiendan una dieta baja en grasas (< 30% de energía), así como limitar los ácidos grasos saturados a menos de 10% de consumo de energía, reemplazándolos por ácidos grasos no saturados. Estas recomendaciones están basadas en hallazgos de estudios de Norteamérica o Europa, donde el exceso de nutrición puede ser preocupante. No está claro si estos resultados pueden ser aplicados a países con menos recursos, donde es más común una menor alimentación.

Además, las poblaciones de Norteamérica y Europa consumen menos carbohidratos, en comparación con poblaciones de otros países, donde la gente ingiere dietas altas en carbohidratos, principalmente refinados.

Los autores encontraron una relación inversa entre el consumo de ácidos grasos poliinsaturados y mortalidad, consistente con los hallazgos de dos grandes estudios de cohorte, Health Profesionals Follow Up y Nurses' Health Study.[4]

El Dr. Fernando Lanas, médico cardiólogo de la Universidad de La Frontera, en Temuco, Chile, y coautor del trabajo, comentó: "A la luz de estos resultados, deberíamos recomendar a los pacientes dietas bajas en carbohidratos, consumir 3 a 4 porciones de frutas, vegetales y legumbres por día, y limitar el consumo de grasa a un tercio de las necesidades de energía diaria", concluyendo que: "Aunque estos resultados pueden ser sorprendentes para algunos, son consistentes con varios estudios observacionales, y estudios clínicos randomizados [aleatorizados] llevados a cabo en las últimas dos décadas".

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....