Sobreprescripción de antipsicóticos a adultos con discapacidad intelectual

Megan Brooks

Conflictos de interés

31 de agosto de 2017

Suelen prescribirse antipsicóticos a adultos con discapacidades intelectuales y del desarrollo (DID), a menudo sin que exista un diagnóstico psiquiátrico documentado.[1]

Investigadores encontraron que a más de un tercio de los adultos con discapacidades intelectuales y del desarrollo, tales como autismo, síndrome de Down o síndrome alcohólico fetal, se les prescribió medicación antipsicótica y que más de una cuarta parte de estos individuos no tenían un diagnóstico psiquiátrico documentado.

"Investigación de diferentes países ha destacado este problema", dijo a Medscape Noticias Médicas la investigadora principal, Yona Lunsky, PhD, del Institute for Clinical Evaluative Sciences y el Centre for Addiction and Mental Health, en Toronto, Canadá.


Dra. Yona Lunsky

"Cada vez se ha prestado más atención a este problema en el Reino Unido, donde se han publicado comentarios destacando este problema durante varios años. Consideramos que es importante analizar lo que está ocurriendo en Ontario, que es la provincia más grande de Canadá, como un primer paso para tratar de hallar mejores prácticas en torno a la prescripción", expresó la Dra. Lunsky.

El estudio fue publicado el 23 de agosto en la versión electrónica de Canadian Journal of Psychiatry.

¿Restricción química?

Los investigadores analizaron datos de atención médica de 51.881 adultos con discapacidades intelectuales y del desarrollo que tenían menos de 65 años de edad hasta abril de 2010 y que estuvieron recibiendo beneficios de medicación provinciales en Ontario. Fueron objeto de seguimiento hasta marzo de 2016.

Durante un periodo de seguimiento de 6 años, a 39,2% de adultos (n = 20.316) se les prescribió un medicamento antipsicótico y 28,9% de ellos no tenían un diagnóstico psiquiátrico documentado.

Entre un subgrupo de 7219 individuos que vivían en hogares de asistencia, a 56,4% (n = 4073) se les prescribió medicación antipsicótica y 42,9% no tenían un diagnóstico psiquiátrico documentado.

"Con base en este estudio no sabemos por qué se les está prescribiendo y no podemos afirmar con cuánta frecuencia fue una prescripción correcta o incorrecta", comentó la Dra. Lunsky.

Sin embargo, los resultados "nos hacen cuestionar con cuanta frecuencia se están utilizando antipsicóticos como herramienta para resolver problemas de conducta. Necesitamos investigar más en torno al hecho de que se prescriban estos medicamentos a quienes no tienen trastornos psiquiátricos, qué otras medidas se han intentado antes de la medicación, y cómo se están monitorizando estos medicamentos", añadió la investigadora en un comunicado de prensa.

"Cabe esperar que este estudio generará conversaciones en relación a por qué se da este hecho, y qué hacer al respecto. Las soluciones deben ser multidimensionales", dijo la Dra. Lunsky.

En sus comentarios sobre los hallazgos a Medscape Noticias Médicas, la Dra. Melissa Nishawala, directora médica del Programa Clínico y de Investigación del Trastorno del Espectro del Autismo en NYU Langone Health, Nueva York, Estados Unidos, observó que el estudio refleja investigación previa que demuestra la sobreutilización de antipsicóticos en otras poblaciones, tales como adultos con demencia y personas jóvenes que reciben atención en centros de adopción asistencial residencial.

La autora también destacó que, no obstante la evidencia anecdótica considerable que indica patrones de prescripción similares en pacientes con discapacidades intelectuales y del desarrollo, en pocos estudios se ha documentado el empleo de antipsicóticos en Estados Unidos en esta población.

"Esta investigación importante inicia un diálogo sobre el tema y se espera que conduzca a atención adicional al respecto en Estados Unidos", dijo la Dra. Nishawala, quien también es directora clínica del Servicio de Trastornos de la Conducta Alimentaria en The Child Study Center, en NYU Langone Health, Nueva York, Estados Unidos.

La medicación antipsicótica tiene "muchos efectos secundarios, entre ellos, efectos secundarios metabólicos, como aumento de peso, dislipidemia y estados prediabéticos, lo mismo que trastornos del movimiento potencialmente irreversibles, como la discinesia tardía", señaló.

Por tanto, es "decisivo que los individuos a quienes se prescribe esta clase de medicamentos sean objeto de una valoración psiquiátrica completa con una indicación para el uso del antipsicótico y una monitorización estrecha tanto del beneficio como de los posibles efectos secundarios. Se espera que la evaluación psiquiátrica cuidadosa, así como la monitorización conduzcan a un diagnóstico más exacto, lo cual podría dar lugar a la derivación para tratamiento de la conducta o uso de medicamentos con características de efectos secundarios más favorables", añadió la Dra. Nishawala.

El Dr. Víctor Fornari, director de psiquiatría del niño y el adolescente en el Zucker Hillside Hospital, en Nueva York, Estados Unidos, expresó a Medscape Noticias Médicas que, debido a los efectos secundarios de los antipsicóticos, "tratamos de no prescribirlos, a menos que sea médicamente necesario".

"Sabemos que se pueden utilizar para el control de la conducta, pero también sabemos que hay muchos métodos no farmacológicos para el control de la conducta, que realmente se deberían implementar antes de utilizar esta clase de restricción química", comentó el Dr. Fornari.

"Cuando se efectúa seguimiento, las estrategias del control de la conducta en esta población son muy eficaces, pero exigen capacitación intensiva del personal y vigilancia continuada para garantizar que haya cumplimiento de los planes conductuales. Esta clase de medicación se puede utilizar cuando no han sido adecuadas las estrategias de control de la conducta", añadió el especialista.

"En condiciones ideales, si se va a prescribir medicación antipsicótica, tendría que contarse con documentación clara de la indicación y si es una enfermedad psiquiátrica, además del trastorno del desarrollo, se debe señalar claramente. Pero sabemos que muchas veces se utilizan simplemente para el control de la conducta, para sedación o como restricción química, y en realidad esto se debe minimizar", finalizó el Dr. Fornari.

El estudio fue respaldado por el Institute for Clinical Evaluative Sciences. Los autores, la Dra. Nishawala y el Dr. Fornari han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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