(In)Seguridad en la atención de pacientes pediátricos en Argentina

Roxana Tabakman

1 de febrero de 2017

El primer estudio de Seguridad de Atención Pediátrica en Argentina, publicado recientemente en Archivos Argentinos de Pediatría, muestra que la seguridad de los pacientes no es una prioridad, ni en internación ni en medicina ambulatoria.[1]

El estudio analítico transversal, consistió en una encuesta que se envió a los alumnos del Programa Nacional de Actualización Pediátrica 2013.

Un total de 6.500 pediatras, de los que 42% se encontraban en el rango de edad de 30 a 40 años, la respondieron. Los resultados evidenciaron que solo 15% de las instituciones tiene un comité que aborde los problemas de seguridad, 71% no proporciona educación continua sobre el tema, 61% no tiene registro de eventos y 55% no aplica medidas de prevención de infecciones asociadas a dispositivos invasivos de manera regular.

Dra. Lucrecia Arpí

"Las limitaciones en general no son tecnológicas ni económicas, sino más bien ideológicas, ya que es difícil instalar una ‘Cultura de la Seguridad’ y entonces los cambios generan mucha resistencia. El primer paso es aceptar que el problema existe, y después tener la voluntad de cambiar para mejorar." dijo a Medscape en Español la pediatra Lucrecia Arpí, autora principal y coordinadora de internación de Cuidados intermedios y Moderados (CIM) del hospital de Pediatría Garrahan, en Buenos Aires, Argentina.

Un problema en curso con soluciones asequibles

En los últimos años, la morbimortalidad causada por fallas en la atención médica se ha vuelto un foco de interés para administradores médicos y prensa. Y hasta el momento, la mayoría de los estudios en este campo, en España y Latinoamérica, muestran que alrededor del 10% de los pacientes internados sufren un evento adverso.[2,3]

Afortunadamente existe evidencia sobre la efectividad de estrategias de bajo costo para la promoción de la seguridad del paciente. Un ejemplo incluye las "Metas Internacionales de Seguridad del Paciente" acordadas entre la OMS y la Joint Commision International[4,5] con el fin de reducir los eventos adversos más frecuentes en la asistencia en la salud, que incluyen:

   1. Identificar correctamente a los pacientes.

   2. Mejorar la comunicación efectiva entre profesionales de la salud

   3. Mejorar la seguridad de medicamentos de alto riesgo

   4. Garantizar cirugías en el lugar correcto, con el procedimiento correcto y al paciente correcto.

   5. Reducir el riesgo de infecciones asociadas con la atención médica.

   6. Reducir el riesgo de caídas.

Cumplir con las recomendaciones implica seguir una serie de tareas lógicas. Por ejemplo, es conveniente utilizar al menos dos maneras de identificar a los pacientes (nombre y fecha de nacimiento).[6]

Otra estrategia que ha mostrado gran efectividad en el tema de la prevención es la higiene de manos. "Si dijera que la higiene de manos es fácil y rápida de implementar no estaría diciendo toda la verdad" reconoce la Dra. Arpí, "porque si bien todos lo sabemos – la importancia del lavado de manos –, está probado que el cumplimiento es bajo. La Guía de OMS sobre Higiene de Manos[7] tiene 80 páginas, si la implementación fuera sencilla, dos páginas sobrarían".

Es recomendable reforzar en forma periódica el porqué de las medidas de protección y cómo implementarlo. "Si al ingreso a un consultorio hay un cartel que recuerda la importancia de la higiene de manos, luego de cierto tiempo la gente se acostumbra a ese cartel y deja de verlo. Hay que cambiarlo, o cambiar la estrategia. Obviamente que además del cartel debe haber un lavatorio, jabón y alcohol gel".

En la encuesta solo el 62% respondió que en los consultorios había lavatorios, 56% que había jabón y 63% que había alcohol en gel. El 13% de los pediatras reconoció que no siempre se lavaba las manos o se higienizaba con alcohol.

La prescripción, preparación y administración de medicamentos es otra posible fuente de eventos adversos. Se investigó como era, en la práctica pediátrica, la individuación de envases con aspecto o nombre similar, la identificación del paciente en envases de medicación parenteral, las alertas en medicación de alto riesgo, la preparación en la farmacia, las jeringas específicas para insulina y la existencia de una única concentración de electrolitos disponible. El 35% respondió que no cumplía con ninguna de estas medidas. Solo 24% dijo que en la institución en la que trabaja se cumplían al menos cuatro.

"¿Por qué en las maternidades se cumple la identificación de los niños y casi siempre tienen puesta una pulsera con sus datos? " se pregunta la Dra Arpí. "Porque los casos de confusión o robo de bebés trascendieron, y tanto los enfermeros como los neonatólogos y las madres están convencidos de que la pulsera es una forma de proteger al bebé. ¿Por qué no se cumple en otros servicios? Porque aún no nos hemos convencido de que la confusión al administrar medicación, transfundir, llevar al niño a quirófano o hacerle un estudio también ocurre y puede ser catastrófica. Lo que sucede es que no aparece en los diarios", señala la especialista.

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