La ansiedad incrementa al doble la mortalidad por cáncer en los hombres, pero no en las mujeres

Dra. Nicola M. Parry, DVM

Conflictos de interés

27 de septiembre de 2016

VIENA. Un diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada (TAG) conlleva un incremento significativo en el riesgo de mortalidad por cáncer en hombres, pero no en mujeres, muestra una nueva investigación.

En el estudio más extenso hasta la fecha en analizar el vínculo entre la ansiedad y la mortalidad por cáncer, Olivia Remes, una estudiante de doctorado en el Departamento de Salud Pública y Cuidados Primarios, de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y sus colaboradores, hallaron que un diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada incrementaba a más del doble el riesgo de mortalidad por cáncer en los hombres.

Crucialmente, esta interrelación se mantuvo después del ajuste con respecto a factores relacionados con el riesgo de mortalidad por cáncer, como tabaquismo, ingesta de alcohol, grado de actividad física y trastornos físicos crónicos.

El estudio fue presentado aquí en el 29º Congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP).

¿Signo de advertencia temprano?

Remes dijo a Medscape Noticias Médicas que si bien los hallazgos no explican por qué el trastorno de ansiedad generalizada puede aumentar el riesgo de mortalidad por cáncer, hay algunas posibles explicaciones para esta interrelación.

"Algunos estudios han demostrado que los hombres tienden a esperar algún tiempo para ir al médico cuando tienen un problema de salud, y acuden cuando la enfermedad tiende a estar en etapas tardías más avanzadas, en comparación con las mujeres.

"Así que si tienen ansiedad, lo que pensamos pudiera ser un signo temprano de advertencia de un problema de salud, podrían no pensar que es un gran problema, no algo que necesite atención médica. Sin embargo, si esta es una señal subyacente de una salud deficiente, entonces podría desencadenar consecuencias negativas en la salud, como la presentación de cáncer y, por consiguiente, los hombres podrían tener más posibilidades de morir antes por cáncer".

Remes señaló que se ha demostrado que la ansiedad desencadena inflamación, así como inmunosupresión e hiperactivación de los sistemas de estrés, "y esto a la larga podría desencadenar enfermedades como el cáncer".

"Así que no es sólo cuestión de tener una personalidad ansiosa, a veces es algo más serio". En consecuencia, los autores del estudio están pidiendo a investigadores, autoridades sanitarias y médicos que enfoquen más atención en la ansiedad como un problema de salud importante, añadió.

Si bien algunos estudios previos indican que la ansiedad está vinculada a un aumento del riesgo de muerte por causas principales de mortalidad, otros no han demostrado tal relación o incluso han hallado interrelaciones negativas entre la ansiedad y la mortalidad.

¿Desempeñan un rol los factores relacionados con el estilo de vida?

Los investigadores observaron que hay varios mecanismos mediante los cuales la ansiedad puede asociarse a la aparición de enfermedades y mortalidad prematura. Utilizaron un estudio longitudinal de población a gran escala para determinar que la ansiedad generalizada conlleva muertes excesivas por cáncer.

Los investigadores analizaron datos de 8799 mujeres y 7139 hombres mayores de 40 años que participaron en la Investigación Prospectiva Europea de Cáncer en Norfolk, Reino Unido, y que habían completado un examen de salud inicial entre 1993 y 1997. Durante el seguimiento, a los participantes se les proporcionó una serie de cuestionarios sobre características demográficas, clase social, trastornos médicos, trastornos psiquiátricos y factores de riesgo conductual.

Entre 1996 y 2000, los participantes en el estudio respondieron a un cuestionario sobre salud y experiencias vitales, el cual fue utilizado para documentar un diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada basado en los criterios del DSM-4.

Después se verificó el estado vital de los participantes a través de la Oficina de Estadística Nacional del Reino Unido durante el periodo de 1996 a 2015.

Se estableció un diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada durante el último año en 2,4% de las mujeres y 1,8% de los hombres.

Las mujeres con trastorno de ansiedad generalizada en el año previo tuvieron más probabilidades de ser menores de 65 años, de tener un alto grado de discapacidad y de ser fumadoras activas que aquellas sin trastorno de ansiedad generalizada, y tuvieron sustancialmente más probabilidades de que se les hubiese diagnosticado depresión mayor en el año previo.

Al igual que sus homólogas, los hombres con diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada en el año previo también tuvieron más probabilidades de tener menos de 65 años que aquellos sin tal diagnóstico. Sin embargo, también tuvieron más posibilidades de ser solteros, de tener un alto grado de discapacidad y un mayor índice de masa corporal. Asimismo, tuvieron más probabilidades de ser físicamente inactivos y fumadores activos.

Los hombres con diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada tuvieron notablemente más probabilidades que los hombres sin trastorno de ansiedad generalizada de que se les hubiese diagnosticado depresión mayor en el año previo.

El doble de riesgo

Después del ajuste con respecto a edad, estado conyugal, nivel de formación educativa, clase social, trastorno depresivo mayor, trastornos físicos crónicos, discapacidad, tabaquismo, ingesta de alcohol y grado de actividad física, el equipo descubrió que en los hombres el trastorno de ansiedad generalizada se asociaba a un incremento significativo en la mortalidad por cáncer (hazard ratio [HR]: 2,14).

No hubo ninguna relación significativa entre el trastorno de ansiedad generalizada y la mortalidad por cáncer en las mujeres (hazard ratio completamente ajustado: 1,03).

Remes dijo que los hallazgos se han de reproducir en más estudios. Señaló que si bien la investigación actual es el estudio más extenso hasta el momento en analizar la repercusión del trastorno de ansiedad generalizada sobre el riesgo de mortalidad por cáncer, las cifras absolutas de individuos con trastorno de ansiedad generalizada fueron relativamente pequeñas.

Dijo: "es una muestra extensa, pero no creo que sea lo suficientemente extensa".

"El siguiente paso que daremos será analizar los síntomas de ansiedad, ya que son muchas más las personas con síntomas de ansiedad que las que cumplen esta definición estricta para el trastorno de ansiedad generalizada, basada en los criterios establecidos por el DSM", añadió.

Un problema con los estudios previos que han analizado síntomas de ansiedad más generales es que no han sido congruentes en su enfoque.

"En muchos de estos estudios que han analizado la ansiedad y la mortalidad se ha evaluado una propensión general a la ansiedad, lo cual no es clínicamente significativo o relevante. No es útil para los médicos", dijo Remes.

"Hay tantas formas en que las personas la han analizado. No hay una definición uniforme. En algunos estudios se preguntó, en una escala de 1 a 5, ¿cuán ansioso se siente? Esto no es realmente un trastorno por ansiedad. Esto podría ser más un tipo de personalidad estresada", añadió.

Ninguna sorpresa

Al comentar sobre los hallazgos, el Dr. David Nutt, PhD, profesor Edmond J. Safra de Neuropsicofarmacología en el Imperial College London, en Reino Unido, y ex presidente del ECNP, señaló: "Como psiquiatra que solía dirigir una de las muy pocas clínicas en el Reino Unido especializadas en el tratamiento de personas con trastornos graves por ansiedad, estos resultados no me sorprenden".

"La ansiedad intensa que estas personas padecen a menudo en forma cotidiana suele asociarse a un gran estrés corporal. Esto va a tener una repercusión importante en muchos procesos fisiológicos, incluida la supresión inmunitaria de células cancerosas", dijo.

"Respaldo por completo la afirmación de los autores de que se necesita mucha más información e invertir más en el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos por ansiedad", agregó el Dr. Nutt.

El estudio fue financiado por el Consejo de Investigación Médica y Cancer Research UK. Olivia Remes ha recibido financiación del National Institute for Health Research. Los otros autores y el Dr. Nutt han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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