Las tasas crecientes de adicción a opioides representan un reto para los hospitalistas

Marcia Frellick

Conflictos de interés

17 de marzo de 2016

SAN DIEGO. Las cifras que ha alcanzado la adicción a opioides en Estados Unidos son impresionantes, dijo el Dr. Jesse Theisen-Toupal, del Centro Médico de Administración de Veteranos en Washington, D.C.

“En el año 2000, se presentaron 4400 muertes relacionadas con sobredosis de opioides”, informó aquí en el Congreso Anual de Medicina Hospitalaria de 2016. “En 2013 ocurrieron 16.000 muertes”.

Pese a esta crisis, algunos hospitalistas no se sienten cómodos hablando sobre las formas más seguras de inyectar fármacos a los pacientes que acuden al hospital con adicción a opioides, explicó el Dr. Theisen-Toupal.

Sin embargo, necesitan comprender el hecho de que muchas personas no están listas para suspender el mal uso de opioides, señaló. Estas personas deben saber cómo compartir sin riesgo las agujas, como esterilizar superficies y que se debe utilizar agua estéril, o al menos agua corriente, para disolver las drogas.

“He tenido pacientes que utilizan agua de estanque. He tenido pacientes que de hecho utilizan agua de la tasa del retrete. Tuve un paciente que de hecho utiliza agua de un charco a un lado del camino”, dijo.

Los hospitalistas están atendiendo a más pacientes con adicción a opioides. En el 2011, hubo más 750.000 consultas en el servicio de urgencias por personas con adicción a opioides y alrededor de una cuarta parte de estos pacientes fueron ingresados, informó el Dr. Theisen-Toupal.

Se ingresan más pacientes con adicción

Cuando los pacientes adictos son ingresados al hospital por otro trastorno, tienen dos opciones: obtener tratamiento médico pero sufrir abstinencia o abandonar el hospital antes de obtener tratamiento médico para reanudar su utilización de opioide.

Recomienda tratar a estos pacientes con abstinencia de opioide en el hospital de manera que también se les pueda tratar sus otros trastornos.

Las dos opciones de tratamiento principal son metadona, un fármaco para reemplazo de opioide, o la clonidina un fármaco no opiáceo.

La metadona es eficaz y bien tolerada, dijo el Dr. Theisen-Toupal, pero no se la puede prescribir a pacientes ambulatorios dado su potencial de mal uso.

La clonidina es formidable cuando hay contraindicación para los opioides, dijo, y se puede prescribir a pacientes ambulatorios. Sin embargo, a menudo no es bien tolerada y puede encubrir otros síntomas de abstinencia. Por ejemplo, si alguien tiene un trastorno por consumo de alcohol además de su trastorno por uso de opioide, la clonidina podría encubrir la abstinencia al alcohol y dar por resultado consecuencias graves, explicó.

Para lograr el éxito sostenido con el tratamiento también se deben abordar los obstáculos psicosociales, señaló el Dr. Theisen-Toupal. Las personas con trastorno por uso de opioide sufren estigmatización, y las tasas de desempleo, falta de hogar y actividad delictiva son altas en esta población.

A todas las personas con un trastorno por consumo de opioide las remito a una consulta de trabajo social.

“A todas las personas con un trastorno por consumo de opioide las remito a trabajo social y trato de ocuparme de cualquier cosa que sea necesaria en el hospital. Si existen problemas, busco la colaboración del psiquiatría”, explicó. De ser posible, esto ocurre en forma intrahospitalaria; de lo contrario, se atiende a los pacientes como ambulatorios.

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