Las ventas de bebidas endulzadas disminuyen en el primer año del gravamen al "azúcar" en México

Marlene Busko

Conflictos de interés

8 de enero de 2016

En el primer año después que México impuso un gravamen de 10% a las bebidas endulzadas con azúcar (1 peso/L), las compras mensuales promedio de las bebidas azucaradas descendieron 6%, según indica un estudio publicado en línea el 6 de enero en BMJ.

Los autores, dirigidos por M. Arantxa Colchero, PhD, del Instituto Nacional de Salud Pública, Cuernavaca, México, analizaron los datos de más de 6000 hogares urbanos y compararon las compras reales en 2014 (el primer año del gravamen) con las compras previstas si no se hubiese establecido el gravamen.

"Nuestros resultados muestran que los hogares mexicanos están respondiendo al gravamen, dijo a Medscape Medical News la Dra. Colchero.

Los hogares más pobres tuvieron más probabilidades de reducir su consumo de bebidas endulzadas. Los consumidores cambiaron principalmente a la compra de agua embotellada y no a refrescos endulzados artificialmente, que son más costosos, señaló. Asimismo, las reducciones en las compras de bebidas endulzadas se incrementaron durante el curso del primer año en que se estableció este impuesto.

En consecuencia, estos resultados iniciales del efecto de este gravamen sobre las bebidas endulzadas con azúcar "parece promisorio" para México y para otros países que evalúan una política similar, dijo la Dra. Colchero.

"El cambio a corto plazo es moderado pero importante y será decisivo continuar vigilando las compras para observar si la tendencia continúa o se estabiliza", señalan ella y sus colaboradores. Asimismo, se necesita más investigación para ver si este aumento en los precios en última instancia afecta a los desenlaces en la salud (obesidad y diabetes), terminan diciendo.

En un editorial concomitante, Franco Sassi, PhD, jefe del Programa de Salud Pública de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en París, Francia, señala que lo importante de este estudio es que demuestra que los "consumidores responden a los cambios de precio que los impuestos pueden generar y este contribuye a una considerable base de evidencia".

Sin embargo, resaltando que está expresando su opinión personal y no la oficial de la OECD, advierte que si bien "los impuestos pueden ser parte de una estrategia de salud pública  ―y México es un gran ejemplo para otros países―  no se pueden considerar como una solución mágica en la lucha contra la obesidad".

También se necesita una estrategia más amplia con otras políticas complementarias generalizadas, "de manera que el enfoque del debate en torno a las políticas podría alejarse de los impuestos en un futuro", según el Dr. Sassi.

Gravamen para afrontar la preobesidad, la obesidad y la diabetes

La prevalencia de la preobesidad y la obesidad en México es de las más altas en el mundo, señalan la Dra. Colchero y sus colaboradores. Aproximadamente uno de cada tres niños mexicanos de 2 a 18 años es preobeso u obeso y casi uno de cada tres adultos es obeso.

México también tiene la prevalencia más alta de diabetes (con base en las hospitalizaciones) entre los países de la OCDE. Mientras tanto, en el 2011, el país también tuvo el más alto consumo de refrescos per cápita (163 L) en el mundo.

Por consiguiente, para hacer frente a la obesidad, en septiembre de 2013, pese a la fuerte oposición de la industria, el Congreso Mexicano autorizó un impuesto al consumo de aproximadamente 10% a las bebidas endulzadas con azúcar y un impuesto del 8% a los alimentos con altas calorías no esenciales (por ejemplo, papas fritas, dulces, galletas y helado), el cual surtió efecto a partir del 1 de enero de 2014.

El presente estudio tiene como propósito determinar cómo el impuesto a las bebidas endulzadas con azúcar afectó a las compras de bebidas en general al analizar datos de 6253 hogares en 53 grandes ciudades de todo el país, desde 2012 hasta 2014. Estos hogares son parte de los Servicios del Panel de Consumidores de Nielsen en México.

Las compras mensuales promedio de las bebidas endulzadas con azúcar (ajustadas con respecto a los cambios en las variables sociodemográficas macroeconómicas y domésticas) disminuyeron un 5,6% en junio y un 12% en diciembre, en comparación con las compras previstas si no se hubiese añadido el impuesto al consumo.

En 2014, el mexicano urbano promedio compraba aproximadamente 4,2 menos litros de bebidas endulzadas con azúcar que el previsto en las tendencias de las compras antes de este nuevo gravamen.

Mientras tanto, las compras de bebidas sin impuesto (por ejemplo, sodas sin calorías, agua mineral embotellada sin gas o con gas, leche, jugo de fruta no endulzado) aumentaron un 4% en el 2014, a expensas principalmente de las compras de agua.

En el más bajo de los tres grupos socioeconómicos, en el 2014 las compras mensuales promedio de bebidas azucaradas fueron 9,1% menos que las esperadas (con base en las tendencias previas al impuesto) y fueron casi 17,4% menos que las esperadas en el mes de diciembre.

Esta disminución creciente en las compras de bebidas azucaradas gravadas es similar al descenso de las compras que se observa en estudios sobre los cambios de precio en tabaco, alcohol y drogas lícitas, señalan los investigadores.

Se necesitan también otras estrategias aparte del gravamen

En su editorial, el Dr. Sassi señala que la contribución más valiosa que hacen los impuestos es que emiten una señal poderosa a "consumidores y todo el sistema alimentario ('de la granja a la mesa) de que el gobierno se preocupa por los daños ocasionados por las dietas no saludables y toma en serio combatirlas".

"Es el incentivo más fuerte para que los consumidores evalúen opciones que a menudo se hacen en forma automática con base en hábitos o influencias ambientales y para que los interesados en la cadena de suministros de alimentos reorienten su producción hacia opciones más saludables".

Sin embargo, también se necesitan otras políticas complementarias para atacar la epidemia de obesidad, recomienda el Dr. Sassi. El gobierno puede aprobar medidas para regular la información nutricional de los productos, las declaraciones de propiedades saludables y la publicidad, y puede promover la educación para la salud, la investigación, los cambios en el entorno alimentario y la asesoría por los médicos generales para las personas con más alto riesgo.

Apenas esta semana, los activistas en el Reino Unido han pedido que se establezca una política mediante la cual los fabricantes reduzcan de manera lenta e imperceptible la cantidad de azúcar presente en las bebidas endulzadas durante un periodo de cinco años ―sin añadir edulcorantes artificiales― con el propósito de reducir considerablemente la prevalencia de preobesidad, obesidad y diabetes de tipo 2 en la población.

El estudio fue respaldado por becas de Bloomberg Philanthropies y la Robert Wood Johnson Foundation y por el Instituto Nacional de Salud Pública y el Carolina Population Center. Los autores no tienen conflicto de interés económico que declarar, ni el Dr. Sassi.

Publicado en línea el 6 de enero, 2016, Abstract, Editorial.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....